Cinthya, Dael & Ilan

Una historia de lactancia en tándem y de cómo podemos ser las protagonistas de nuestra propia historia.

Cinthya fue la primera mamá con quien realicé la sesión número uno del proyecto. Para todos es nueva esta sensación de encierro y falta de libertad. Para mi es nueva la forma cómo realizar estas sesiones por videollamada, pero ese día estuve muy confiada en que todo saldría bien y siento que así fue. No ocurrió nada distinto a lo que suelo ver: bebés que se distraen, quieren jugar o justo en ese momento no quieren teta, niños que me enseñan sus juguetes y unos padres pacientes y entregados y tan curiosos como yo acerca de cómo iba a ser la sesión. Tenía que ser rápida para aprovechar el momento.

Una lactancia en tándem, que es como la que vive Cinthya, no es fácil. Requiere de mucha fuerza de voluntad, entrega y confianza porque nunca faltan los comentarios. Empezando por el prejuicio de ver lactar a niños mayores, de pensar que el mayor le quita leche al bebé o que simplemente no estamos acostumbrados a verla. Cinthya tenía claro desde que supo que esperaba a su segundo hijo, que continuaría con la lactancia de Dael, su hijo mayor, una lactancia que no empezó fácil.

Dael, actualmente tiene 3 años. Mi embarazo fue tranquilo y se suponía que tendría un parto natural. Sin embargo, tuve una cesárea de emergencia. No lo vi hasta 8 horas después de nacer. Esto, sumado a que tengo el pezón semiplano, complicó la lactancia.
En el hospital estaba sola, mi hijo lloraba mucho hasta quedarse dormido, las enfermeras me regañaban por no haber «preparado el pezón» y cada cierto tiempo se acercaban a intentar sacarlo o «formarlo» jalando con una jeringa. Mientras mi bebé dormía yo también «succionaba» el pezón con la jeringa.

Las palabras, que a veces no son simples palabras, tienen poder. Con una simple palabra, podemos animar a alguien o simplemente frustrarlo o herirlo. Una simple acción, no es tan simple tampoco y puede ser la diferencia entre generar confianza en una madre o generarle ansiedad y desconfianza. Así de importante son las palabras y las acciones de los profesionales que atienden a las mujeres que acaban de dar a luz. Innumerables veces escucho de parte de muchas madres, la forma tan poco amable cómo el personal de salud se dirigió a ellas, infantilizándolas, ejerciendo una relación de verticalidad o aplicando métodos y recomendaciones que ya no se usan y que pueden traer abajo una lactancia.


A los 2 días de dar a luz me dieron de alta y me convencieron de darle fórmula porque mi bebé lloraba mucho, «no se llenaba». Me sentía frustrada, sentía culpa por no haber logrado mi parto humanizado y encima no poder dar teta como es lo natural. ¿Por qué si las demás podían, yo no?.

En medio de mi depresión y llantos diarios, yo seguía insistiendo con la jeringa. Estaba decidida a dar de lactar. En aquel entonces no sabía que existían asesoras de lactancia.
Por suerte, en cada control en una clínica particular, me tocaba un pediatra diferente y todos me decían que mi hijo tenía buen agarre y me motivaban a quitar la fórmula. Hasta que una doctora se tomó el tiempo de mostrarme videos en su consulta de cómo hacer relactadores caseros. Nunca pude volver a verla ni ubicarla para agradecerle ese gesto.

Ese día me hizo entender que yo podía. Comencé a ver videos, hice mi relactador, compré un extractor de leche, hice de todo para aumentar mi producción. Mi esposo fue un gran apoyo, me contuvo y estuvo allí en esas eternas madrugadas en que me extraía para poder reemplazar un biberón de fórmula, por uno con mi leche.

El cambio se gesta cuando alguien nos ofrece una luz y nos muestra amabilidad. Cómo algo tan simple puede generar un cambio, ¿verdad?. Pequeńas acciones que van sumando, es que eso es lo que necesitamos: profesionales de la salud comprometidos, que animen a las madres, que las hagan sentir confiadas y que les hagan saber que ellas pueden, así como Cinthya, que pudo. El cambio se gesta cuando una decide creer en si misma.


Luego de mes y medio de frustración, llantos y todo, decidí que si bien no logré el parto soñado, sí podía amamantar a mi bebé con mi leche y el lunes siguiente al día del padre de ese año, decidí no darle más el biberón a menos que tuviese un llanto incontrolable. Decidí confiar en mi cuerpo y Daelito ni lo extrañó. Nunca más lo usamos.
El mayor reto llegó unas semanas después, con la crisis de los 3 meses y los incontables comentarios tipo «deberías complementar», «pobrecito seguro ya no tienes leche», «se pelea con la teta porque tiene hambre»; y cuando no habían palabras, habían miradas compasivas.
Durante todo el primer año, tanto en el CRED (los Controles de Crecimiento y Desarrollo del Ministerio de Salud del Perú) como varios pediatras, me decían que mi hijo estaba flaco, desnutrido, que necesitaba comer más y para eso debía quitarle la teta. Por más que una esté informada, eran tantos los comentarios negativos que a veces me hacían dudar de mi misma. Todo porque mi hijo es de contextura delgada.
Pero nunca desistí, encontré grupos de apoyo en otras madres lactantes y fui aprendiendo más sobre lactancia. Hasta que llegué a la consulta de dos pediatras actualizados que me dieron seguridad y confianza para seguir.

Dicen que se necesita toda un tribu para criar a un hijo, sola no se puede. Cuando una se vuelve madre es cuando más apoyo requiere y cuando más comentarios alentadores necesitamos porque de por si una suele creer que lo hace todo mal. ¿Cómo podemos materna solas?, ¿Cómo podemos hacer frente a los comentarios que nos descalifican?. La maternidad es muy solitaria y si eres madre, sabes de qué tipo de soledad hablo. Necesitamos una tribu que acoja y entienda, que apoye y no critique, que brinde más empatía y menos juicio y eso fue lo que encontró Cinthya. Eso es lo que toda madre necesita, sobre todo, si decidimos tener un segundo bebé.


Cuando decidí tener a mi segundo bebé, los ginecólogos me decían que debía destetar para que mi periodo vuelva y que, además me estaba descalcificando en vano porque mi leche ya no lo alimentaba. Obviamente hice oídos sordos.
Al confirmar mi embarazo, llegaron en masa las «sugerencias y consejos» de destetar al mayor. Una vez más, sólo hice oídos sordos y seguí mi instinto.
Ahora estoy aquí, dando teta a Dael de 3 años y a Ilan de 3 meses.
Ilan nació a fines de marzo, al inicio de la cuarentena, por parto natural. Sin embargo, recien me lo pegué al pecho 2 horas después, porque al nacer necesitó reanimación. Las enfermeras, una vez más me preguntaron por qué no había preparado el pezón. «Llevo 3 años amamantando, así es mi pezón», les respondía y no me decían nada más.

Cinthya no solo logró continuar con sus lactancias a pesar de los comentarios, encontró a otras mujeres que la apoyaron, se informó debidamente y logró en medio de la cuarentena tener un parto vaginal después de cesárea (PVDC), superando las dificultades por los protocolos sanitarios, el aislamiento, la sensación de incertidumbre y sanando un poco también su primera experiencia de parto.

Dar a luz en medio de la cuarentena ha sido particularmente difícil, porque han sido días de cambios bruscos para Dael, mi hijo mayor. Primero en su rutina y luego con la llegada de su hermanito. Esta situación ha hecho que Dael esté más demandante de teta de nuevo, lo cual implica que algunos días prácticamente me la pase amamantando por turnos o al mismo tiempo por muchas horas seguidas.
Inventar posturas extraordinarias para poder amamantar a los dos ya me causó perlas de leche y, por primera vez, una mastitis. Pero con todo el dolor del mundo y sin poder ir a una consulta por la cuarentena, logramos salir de eso.


A veces en los medios se romantiza tanto la lactancia pero nadie menciona que es todo un reto, que está llena de sacrificios porque aún falta más apoyo de la sociedad, mas información en profesionales de la salud, más apoyo y menos críticas. Nos falta una cultura de lactancia sostenida y continuada de generación en generación.
Yo agradezco poder dar teta a mis dos hijos, poder calmarlos cada vez que lo necesitan y, aunque a veces siento agitación, adoro esos momentos en que se toman de las manos mientras tetean y siento una conexión especial entre ellos.
 

Sigamos trabajando en conjunto, madres y profesionales de la salud, cada vez más comprometidos. Sigamos informándonos, recordando que nadie puede decirnos cómo vivir nuestra maternidad y que nadie tiene poder (solo una) de decirnos qué hacer. Escuchemos nuestra voz interna, esa que no falla. Busquemos respuestas hasta quedar tranquilas. Hagamos normal lo normal y sigamos viviendo nuestras lactancias en libertad y en amor. Compartamos lo que sabemos con otras mujeres, seamos gestoras del cambio.

Cynthia tiene un blog, donde comparte sus vivencias como mamá, poniendo su grano de arena, promoviendo la lactancia y la crianza respetuosa, porque ser madres nos transforma profundamente y nos da ganas de compartir lo que aprendimos para que le sirva a otra mujer. Ella es Mamá de primer viaje.

Gracias Cinthya, por tu valentía y generosidad, por tu calidez y tu amabilidad, por enseñarnos que sí se puede y que somos nosotras quienes tenemos el poder de cambiar nuestra historia.

Lima, Agosto 2020

*Fotografías tomadas por videollamada vía FaceTime