Conocí a Grazzia a través del grupo «mamá tierra». Ella el año pasado respondió a la convocatoria que hice en el grupo buscando mujeres que quisieran retratarse conmigo, pero por cosas de la vida (el tiempo se me acabó y yo tenía que sacar el material con lo que tenía), no la retraté en ese momento. La vida siempre te pone oportunidades cuando las cosas tienen que suceder, así que cuando leí en el grupo que estaba embarazada y continuaba con la lactancia, no dudé en contactarla para esta segunda edición.

Nunca soñé con ser mamá, pero siempre supe que lo sería a los 36 años. Muy en el fondo sabía que me iba a dedicar por completo y “de la mejor manera” a mi bebé.
Soy vegetariana, los lácteos me caen malísimo, así asumí que mi hija podría serlo y no iba a correr el riesgo con ella. Ya había decidido que no le daría fórmulas. Sí o sí le daría de lactar!. Por lo tanto, debía encontrar toda la información, herramientas y conocimiento para lograrlo.
Grazzia me cuenta que durante su primer embarazo, casi se volvió vegana. Retiró tanto los pescados y el huevo de sus comidas, siempre de la mano de una nutricionista que avaló la dieta que seguiría para controlar la calidad y cantidad de nutrientes que consumía. Su embarazo fue muy cómodo después de los desafiantes tres primeros meses, donde como a la mayoría, todo le daba asco y solo quería dormir.
Tenía un ritmo de trabajo fuerte, pero también tenía la agilidad y fuerza física para realizarlo; aunque jamás pude llevar la rutina idealizada con prácticas de yoga y relajación con las que soñé. Literalmente pase de la oficina a la clínica para pasar por una indeseada cesárea, gracias a Dios, bastante humanizada y respetada.
Por fin me enfrentaba a la realidad:
Mamá primeriza con antecedentes de perfeccionismo, sin una mamá en vida que me pueda explicar, entender, acompañar, consolar, y sobretodo soportar. Con las suficientes personas alrededor con las mejores intenciones para aconsejarme y con un instinto que en el mayor porcentaje del tiempo les daba la contra a todos los buenos consejos. Simplemente muchas cosas no me cuadraban, pero tampoco sabía como hacerlo correctamente.
Grazzia es una mujer-mamá que no teme decir no y eso me constó cuando la conocí. Ella me cuenta que aprendió que la tranquilidad y paz mental son primero que los compromisos sociales. También aprendió que no es una súper mamá, y sabe que tiene limitaciones, aunque siempre se presione para hacerlo lo mejor posible.
Nuestros hijos sacan lo mejor de nosotras, esa mujer fuerte y decidida que hace todo por defenderlos y cuidarlos, por alimentarlos. Y Grazzia, como toda mamá que sabe decir no, no aceptó visitas en la clínica ni en casa hasta pasado el primer mes de nacimiento de Elha. Ella solo quería aprender y saber que su hija estaba bien atendida y lo mejor alimentada posible. Al inicio le daba vergüenza dar teta en público, pero esa vergüenza la perdió muy rápido.

De mamá perfeccionista, hija perfeccionista. Fue muy duro aprender a dar de lactar, me dolía demasiado. Sangré, lloré, dudé y me asusté.
Elha no aceptaba nada sintético, los protectores de pezón literalmente los arrancó y tiró fuera de su teta, así recién nacida. Succionaba con fuerza de niño (así me dijeron), se desesperaba por más y aunque con toda la asesoría de lactancia de primer nivel que tuve la suerte de tener, siempre pero siempre se llenaba de gases.
Nunca aceptó un biberón, jamás pude hacer un banco de leche, tenía que ser directo de la fuente.
Y fue ahí cuando Grazzia lo comprendió y se dejó llevar por su instinto. Libre demanda es libre demanda. Así que desde ese momento se convirtió en «La Teta de Elha», como se hace llamar, 24 horas al día los 365 días del año por más de dos años, casi tres.
Luego, llegaron los comentarios:
- ¿Hasta cuándo le vas a dar de lactar?
- Te esta usando de chupón.
- Tu leche ya no la alimenta.
- No es bueno para tu hija que siga tomando teta.
- Tiene mamitis.
- Si toma teta no va a comer.
- No tienes vida, necesitas un espacio para ti.

Muchas veces todos esos comentarios me afectaron, me indignaron, me aturdieron.
Pero el tiempo se ha ido tan rápido, que yo sólo puedo quedarme satisfecha con que #superElha recibió de mi lo mejor que le pude dar, que nunca supo lo que fue llorar por hambre porque la teta siempre estuvo lista con la temperatura ideal y llena de nutrientes para alimentar su cuerpo y su corazón.
Porque la teta no es sólo el mejor alimento, es amor puro líquido que recorre su cuerpo y su alma y le da paz y seguridad. Porque cuando ya casi se había destetado fue la mejor anestesia de amor que la calmó y adormeció para soportar el dolor de una caída con corte, puntos y despuntadas. ¡La teta lo cura todo!
Días previos a la sesión de fotos, Elha tuvo un pequeño accidente donde tuvo un corte cerca del labio y la teta ayudó a superar el dolor hasta llegar a la clínica. Grazzia no quiso ponerle anestesia para retirar los puntos debido a la mala experiencia que tuvo la primera vez. Nuevamente, como toda mujer que sabe decir no (en este caso a la anestesia), y en contra de todos los que no le creían, tanto Elha como ella dijeron SÍ a la teta y fue así como la teta (tetanalgesia) fue la que hizo que Elha no sienta dolor al momento de retirar los puntos. Realmente la teta lo cura todo.

Con seis meses de gestación al momento de la sesión y un destete en proceso, Grazzia me cuenta que el saber cómo llevar a cabo el destete fue una duda que siempre la persiguió un tiempo sin encontrar respuesta. Ella buscaba la opción fisiológica respetuosa para su hija porque no quería causarle ningún tipo de dolor. Con el tiempo se fue dando cuenta que el destete se da solo, de a pocos, poniendo algunos límites, ofreciendo alternativas, distrayendo a los niños y sobre todo dándoles mucho amor.
Elha dejó de tomar teta a libre demanda durante el día, pero se mantenía a libre demanda por las noches despertándose de dos a tres veces durante la madrugada. De pronto un día durmió de corrido toda la noche por si misma. Le dio gracias al universo porque ya estaba más que agotada y embarazada de nuevo.

Elha tiene un poco mas de tres años y su hermanita nacerá pronto.
Elha ya casi no pide teta y si la pide no siempre la toma porque la distraigo y le parece mas interesante la nueva propuesta.
Elha sabe que su hermana va a tomar teta y dice que le va a enseñar como hacerlo. Vamos a ver qué pasa, quizás termine dando teta en tándem.
Ser madre nos desafía. Nos pone al frente a todo lo que consideramos espacio seguro y nos hace soltar aquello que no nos hace vivir ligeras. Entregarse a la maternidad es un arte y no importa de dónde vengamos o lo que creamos, todas aprendemos la misma lección: el amor por nuestros hijos nos hace florecer, nos convierte en esa mujer que sabe decir no, que confía en si misma y cumple lo que se propone, que sabe poner límites saludables, que sabe escuchar su cuerpo, que idea mil y un maneras de distraer y dar bienestar a sus hijos, que sabe hacer «oídos sordos» a los miles de comentarios «bienintencionados» pero llenos de desinformación, que sabe que ella es todo lo que sus hijos necesitan.
No hay mayor tranquilidad que saber que nuestros hijos recibieron lo mejor de nosotras.
Gracias, Grazzia, por recordarnos esta lección y abrirnos tu corazón.

Lima, agosto de 2019
