Historias de Lactancia 2018
Aldana y Yago
Aldana fue una de las primeras mamás que me contactó pero la última que fotografié. Nos demoramos un poco en coordinar porque ella acababa de mudarse junto a Yago, su bebé, a su nuevo departamento. Me enseñó ilusionada cómo había pintado su cuarto y cómo su casita de a dos poco a poco iba tomando forma.
Es también una de las mamás más jóvenes del grupo. Es gratificante saber cómo las nuevas generaciones se interesan más con conectar con su propia sabiduría. Durante toda la sesión de fotos, aparte de hablar de lactancia, Aldana y yo conversamos acerca de nuestros propios caminos de maternidad y de cómo vamos buscando cada una a su modo y tiempo, conectar con una misma y ser mejores madres.

Cuando supe que iba a ser mama siempre le tuve más nervios a la lactancia que al parto. Sentía emoción pero miedo por hacerlo. Mi bebé se pegó al toque al pecho y felizmente todo fluyó súper bien.
Aldana me cuenta que luego de informarse, optó por un parto natural, teniendo a una doula a su lado, quien fue su principal apoyo en el proceso. En la clínica donde dio a luz, promueven el contacto piel con piel temprano y la lactancia. Esto influye mucho para tener un adecuado inicio de lactancia y Aldana lo sabía.
Ser mamá te transforma. Veo a Aldana hablando tan firme e independiente y convencida de sus decisiones, callando todo prejuicio respecto a las madres jóvenes. Y también veo a Yago, un niño risueño, sano y lleno de vida y amor.

A veces me han hecho dudar de mi teta. Me dicen que no es lo suficiente, que mi bebé es muy pequeño porque mi leche no lo alimenta… Pero luego lo veo tan feliz y sano que sé que le estoy dando lo mejor de mí.

Admito que a veces he querido terminar con la lactancia sobre todo cuando me muerde o pellizca, pero ahora que ya no me está pidiendo tanta teta me siento triste porque siento que se está destetando y no quiero que se acabe la lactancia.
Ser mamá no es fácil, nunca dejaré de decir que necesitamos de toda una red de apoyo, sobre todo si decides vivir sola y ser independiente y quieres demostrarte a ti misma que sí puedes. Pero todo es más fácil si tienes a tu lado al amor de tu vida, por quien vale la pena cada paso que das.
Gracias, Aldana
Lima, diciembre 2018

Malena y Mariana
Malena es la mamá de Mariana, la única bebé del proyecto. Malena es la mente detrás de Catalina, una marca de ropa que tiene tallas reales para mujeres reales. Una marca que a mi particularmente me encanta por sus diseños y propuesta.
Me emocionó mucho conocerla, sobre todo porque tenía mucho que decir respecto a cómo pasaron sus primeros meses de lactancia y cómo se sintió.

La lactancia para mí ha sido algo que he ido aceptando poco a poco; inicialmente no me gustaba, me sentía atada, realmente pensé en darle fórmula a Mariana simplemente para que me deje en paz.
Malena tuvo depresión post parto, felizmente leve y pasó pronto.

No podía entender lo que me pasaba, amo a mi bebé, ella fue muy deseada, pero lloro todo el día, quiero regresar a mi vida sin ella. ¿Qué me pasa?. Simplemente tenía muchos sentimientos encontrados y las hormonas muy alborotadas.
Todo esto me lo cuenta Malena mientras conversamos antes de iniciar la sesión. Veo a Mariana tan reilona y enamorada de su teta, que no tuve que hacer mucho esfuerzo. No soltaba su teta por nada de mundo. Nos divertimos mucho en la sesión y con las ocurrencias de Mariana.

Con el pasar de las semanas nos fuimos acomodando y en cada uno de sus controles con el pediatra yo veía cómo iba creciendo y ganando peso. ¡Eso lo estábamos logrando juntas y gracias a mi leche!. Esa magia fue lo que me hizo tener las ganas necesarias para seguir con la lactancia exclusiva. Soy feliz de saber que le estoy dando lo mejor que ella merece
Qué bonito es ver cómo, nuevamente, una lactancia puede ayudar a sanar. Un dolor, una pena. Nunca dejaré de decir que la lactancia es vida y no solo por ser alimento para el cuerpo sino también para el alma. Malena esperó pacientemente y pudo lograr con el paso de los meses que esos fantasmas se vayan y hoy, luego de más de un año, continúan con la «magia» de la lactancia materna.
Gracias, Malena.
Lima, diciembre 2018

* La depresión post parto afecta a una de cada seis mujeres según la OMS y suele pasar desapercibida muchas veces, atribuyéndole que son son solo cambios en el estado emocional de las mujeres (hay que diferenciarlo de «baby blues»). Existen diferentes síntomas y éstos pueden variar de una mujer a otra, siendo algunos más graves que otros. Es por eso que es necesario recibir un adecuado diagnostico y tratamiento. Visibilizar esta problemática, que es muy frecuente, es generar consciencia. Cuidar de las madres, es cuidar la vida. Las madres necesitan menos juicio y más empatía. Necesitan sentirse comprendidas y acompañadas. Si tú que me estaś leyendo crees estar pasando por un cuadro de depresión post parto, pide ayuda. No estás sola.
Mae y Julián
Mae es una de las mamás más jóvenes que me tocó fotografiar. Sin embargo, es una de las mamás más fuertes y valientes que conozco. No le tocó pasar por un inicio de maternidad común, pero eso no la amilanó, al contrario, la llenó de valor. Valor que una mujer conoce solo cuando es madre.

Quedé embarazada muy joven. Yo lo sabía. Sentí miedo, claro… Recuerdo que vi las dos rayitas rojas en mi test e inmediatamente me vi al espejo. Recé, lloré unos 30 segundos y al instante ya quería gritarlo. Era inesperado pero estaba feliz. Mi examen de sangre arrojó seis semanas. Tuve dos amenazas de aborto fuertes. Fríamente me dijeron que había un 50% de probabilidades de perderlo, pero eso (gracias a Dios) no sucedió.
Demoré un poco en poder concretar la cita con ella hasta que finalmente pudimos conocernos. Mae es venezolana y vive en Perú desde hace más de ocho años. Juli es ahora el centro de su vida.
Ni bien llego, me cuenta cómo fue su parto y lo ansiosa que estaba. Julian nació de 38 semanas. Todo iba marchando bien en el parto. tal cual lo imaginado. Estaba junto al padre de Juli y a su madre, pero lo que nunca imaginó fueron las contracciones hasta que llegó a 10 cm de dilatación y lo que vendría después.

Estaba emocionada. Escuché decir al doctor «algo de líquido verde» pero la verdad es que no había entendido en ese momento lo que eso significaba… Entré a sala de parto a las 8:00pm. Julián nació justo en el momento en el que mi doctor me dijo: «Si quieres a este bebé vivo tienes que sacarlo ahorita». Eran las 8:05pm. No hubo llanto. Seguía sin haber llanto. Al fin, un grito, desgarrador, lleno de oxígeno, pulmones limpios inhalando y exhalando, más llanto.
Julián había tragado un poco de líquido meconial y a causa de ello tuvo una infección, tratamiento antibiótico, varias punciones en la médula y riesgo de meningitis.
Mae me cuenta todo esto con lujo de detalles. Recuerda cada acción y cada movimiento. Son cosas que una madre nunca olvida. Entre la confusión y la alegría de su nacimiento, también estaba la incertidumbre por saber qué estaba ocurriendo con su bebé. Mae no entendía nada.

Julián estuvo 16 días internado en cuidados intensivos. No pude cambiarle el primer pañal, no pude darle su primer baño, no pude atenderle su primer llanto de madrugada, no pude muchas cosas, pero había una que sí podía: La lactancia.
Felizmente, Mae tuvo a su lado a una linda red de apoyo que la ayudó a pasar sus días en la clínica. Al día siguiente de parir, una buena amiga le facilitó un extractor eléctrico y su labor empezó. Pasó los primeros 16 días de su maternidad extrayéndose leche cada tres horas. Pasaba el día en la clínica, muchas veces sola, sin alimentarse adecuadamente y sin mucho ánimo. Era una «mamá delivery» como ella se hace llamar. Hubo mucho miedo en el transcurso, a no «tener leche», a no poder. Atravesó una terrible mastitis debido a tanta estimulación, pero eso no la detuvo.
Mientras me contaba todo esto, no podía dejar de pensar en lo duro que debe haber sido, ver a tu bebé y no poder hacer lo más básico y primal que le nace a una madre, que es acunarlo, besarlo y olerlo. Cuánto valor se necesita, cuánta paciencia, cuánto apoyo y sobre todo cuánta fe.

La lactancia para mí es el regalo más divino, no hay más calma que el calmarlo a él. Me faltan palabras para expresar lo que viene siendo está experiencia. Durante el embarazo fue mi mayor miedo, en el puerperio mi mayor desafío, hoy es mi lucha más ardua y sé que mañana será mi más grande nostalgia. Extrañaré esas manitas paseando por mi rostro, buscando mi otro seno y sus ojitos de canicas que parecen agradecerme ese momento. Por eso, quiero decirles: ¡APROVECHEN CADA VEZ QUE PIDEN LA TETA!
Juli lleva a la fecha seis meses de lactancia materna y ya está comiendo sólidos. Durante este tiempo, Mae también es «mamá de leche» de dos mellizos guerreros con una historia clínica muy parecida a la de Julián.
Es verdad que nada detuvo a Mae. Se dice que nadie debe separar a la madre del bebé luego del nacimiento para que exista una lactancia exitosa. Esto, claro, es lo que se recomienda. Sin embargo, historias como ésta, demuestran que con la asesoría adecuada, el acompañamiento indicado y las ganas de la madre, muchas veces se pueden superar los obstáculos y llegar a tener una lactancia hermosa, que también puede ser sanadora.
Gracias, Mae
Lima, diciembre 2018

Luisa, Azul y Dalí
Luisa también me escribió, contándome que estaba amamantando a dos sus hijos y pensaba destetar a la mayor. Tenía que apurarme.
Luego de algunos mensajes, finalmente el día llegó. Estaba bastante emocionada porque dentro de las historias que buscaba transmitir, habían muy pocas mamás con lactancia tándem y con próximo destete. Quería poder regalarle este recuerdo.
Luisa es actriz e ilustradora. Fundó la compañía de Teatro para niños «La Mayu«, así que nuevamente me tocaba dirigir a una actriz. Pero el reto no fue ese esta vez.
Al llegar a su casa, me recibió junto a Azul y Dalí. Me miraban curiosos y a la hora de sacar la cámara, se fueron. No querían fotos (a pesar de que Luisa ya les había anticipado lo que iba a ocurrir. Con los niños nunca se sabe).
En ese momento tuve que improvisar y ganarme su confianza, jugando con ellos un rato. Estaba muy divertido el juego «del mercado» o del «monstruo escondido», pero era hora de empezar a trabajar, así que finalmente pude llegar a un acuerdo con ellos y decidieron colaborar conmigo.
Toda la sesión transcurrió entre risas.

Mi lactancia es en Tándem, les doy teta a mi Azul de casi cuatro años y a mi Dalí de casi tres y dentro de poco Azul dejará la tetita.
Todo fue risas y más risas. Veía a Luisa tan cómoda, a los tres tan compenetrados, tan cómplices.
Llevar una lactancia tandem no es fácil, por lo demandante y por los comentarios del entorno, que miran de reojo o juzgan, diciendo que ya están grandes, que esa leche no alimenta. A veces es mejor hacer oídos sordos.
Me imaginaba qué lindo debe ser tener un hermano o hermana con quien compartir estos momentos. ¡Qué lindos recuerdos de cuando eran niños y los dos se alimentaban de mamá!. Me sentí feliz de poderle dar este regalo a Luisa. Pensaba en mis hijas y las veces que mi hija mayor me ha pedido que le invite teta. Su hermana comparte.

Hacer este tipo de lactancia ha sido hermoso y caótico a la vez, tenerlos a los dos cerquita, abrazaditos o también a los dos sobre mi mientras estoy trabajando. Una locura. Hay días en que ya no quiero darles más y días en que los extraño. Sin embargo, ha sido y es una de las experiencias más increíbles de mi maternidad.
La sesión ya estaba por terminar, faltaban unas tomas más. Los niños se empiezan a mover. Luisa no perdió la calma ni la sonrisa en todo momento.
Conversamos un poco de su hija mayor y de sus impresiones acerca de esta sesión, de mi y de lo que estoy haciendo ahora, de ella y la obra de teatro que está por estrenar.
Los niños se fueron a jugar y nos quedamos las dos, hablando de la vida, de lo que significa este destete de Azul, que aun no sabe cómo se iniciará, pero que será hecho de la manera más amorosa posible.
Luisa valiente, Luisa fuerte.

Esto es algo que no sabia que podía hacer y cada vez que me encuentro dando la teta a los dos me siento una superheroína.
Gracias, Luisa.
Lima, diciembre 2018

Mariá y Theo
Mariá es brasileña. Vino a Perú junto a su familia en febrero del 2018 y solo son ellos tres aquí (mamá, papá y bebé).
En el mensaje que me envió, solo escribía que quería colaborar en el proyecto y la foto de su bebé. No sabía nada más de ella. Llegué a su casa y Theo estaba dormido. Aprovechamos el tiempo para conversar y conocernos más. Mariá me contó que llegó a Perú acompañando a su novio, quien vino a estudiar. Mientras él estudia y trabaja, ella se queda en casa con Theo. No tiene necesidad de decirme que extraña su país porque es más que evidente.Me habla de Pipa, la playa donde vivía en Brasil, cómo transcurrían sus días allá, lo que hacía. Me enseña fotos del lugar, una playa hermosa, tranquila, muy diferente a la gris y húmeda Lima.Mariá mira las fotos con nostalgia. Debe ser duro iniciar tu maternidad sola, lejos de casa, pienso.

El inicio de la lactancia fue un poco difícil porque siempre fui muy tímida en relación a mi cuerpo, a mis senos, pero Théo tomó el pecho muy fácil incluso teniendo frenillo.
Llegó el momento en que Theo se despertó, de muy buen humor. Así que, la sesión empezó. Al inicio, como todos los bebés que he fotografiado, se distrajo un poco, pero poco a poco fue entrando en confianza. Theo es muy risueño y tierno. A medida que avanza la sesión, me detengo a observar el vínculo entre los dos. A Theo le gusta jugar, yo espero paciente a que quiera volver a la teta. Pienso en Mariá, en cómo transcurren sus días, en cómo logra hacer de esta ciudad su nuevo hogar, en ella como madre y todas la madres (incluyéndome) que necesitan apoyo, ayuda, alguien que nos diga que no estamos solas y que lo estamos haciendo bien.

Theo ya tiene un año y continúa mamando con bastante frecuencia. A veces me siento un poco incómoda y quisiera destetarlo. Sé que es un lazo muy lindo entre madre e hijo, pero me siento un poco cansada e «inútil» por no poder conseguir trabajo y adaptarme a otro país. Un país donde la lengua no es la misma y las posibilidades tampoco.
Todas las madres del mundo necesitamos esa red, esa tribu donde sentirnos contenidas, donde podamos soltar sin temor a juicios todo lo que sentimos.
Nuestro Theo decidió que ya no quería más teta, dando por concluida la sesión. Me quedé muy contenta de conocerlos. Theo se despide de mi en la puerta, muy efusivamente. Me da un poco de pena irme.

Camino a casa reflexiono acerca de este proyecto y cómo va tomando más forma. Cada madre que visito me deja una enseñanza, y las más obvias son las más bonitas, esas enseñanzas que sabes pero que necesitas volver a escuchar o verlas de cerca para realmente valorarlas. Que detrás de cada madre y de todo el amor que sienten por sus hijos, hay todo un mundo, un camino recorrido, una historia. Que no sabes por lo que esa madre está pasando, no sabes lo que siente ni lo que a veces calla y que no puedes juzgar sino preguntar: ¿Cómo te sientes?. Y escuchar.
Gracias, Mariá.
Lima, diciembre 2018

Mavi y Río
Mavi también fue una de las mamás que me escribió a los minutos de haber puesto la convocatoria y también fue una de las primeras mamás que fotografié.
Llegué a su depa y Mavi me recibió con una sonrisa y sus ojos grandes, tan expresivos. Conversamos un poco de cómo iba a ser la sesión, de qué es lo que tenía en mente. Mavi es actriz, comunicadora y diseñadora freelance, así que me dijo que no le iba a costar poder mostrar un poco más de piel. A quien le iba a costar era a mi, nunca había dirigido a una actriz.
Río, quien acababa de cumplir su primer añito, caminaba por el depa agarrando su pollo de juguete, riéndose de todo y mirándome con su ojos grandes iguales a los de mamá.
Empezamos la sesión y las cosas poco a poco fueron fluyendo. Le pedí que cierre los ojos e imagine ese momento tan esperado, cuando nació Río.

Das a luz. Duele. Pero luego no recuerdas nada de eso. Decides dar el bendito calostro. Duele. Y luego no recuerdas nada de eso.
Parir. Amamantar. Todas somos capaces de hacerlo y volver a hacerlo.
La lactancia, en algunos casos, puede ser dolorosa en un inicio. Sin embargo, yo la veía tan confiada que no me imaginé que pudo haber tenido un inicio difícil y desafiante.
Una vez que el pezón cura sus primeras heridas y sus primeros dolores, nadie te dice cuánto atesorarás estos momentos de oro, de plenitud que solo conocen madre e hijo.
Maravillosa lactancia, sanadora lactancia.
Seguimos avanzando en la sesión y solo me dediqué a observar. El vínculo, la complicidad, las miradas, el amor. Registré toda esa ternura y entrega que veía ante mis ojos y agradecí a la vida por permitirme ser testigo.

Seguimos conversando acerca de maternidad, de nuestros bebés (tengo una bebé de casi la misma edad de Río), compartimos algunos consejos y mientras lo hacíamos, yo no dejaba de pensar en la palabra «apoyo». Y es que es así, la madres necesitan toda un red de apoyo para poder llevar el puerperio de la mejor manera. Apoyo, compromiso, empatía, cariño. Abrigar a esta mujer que se acaba de convertir en madre. Acompañarla en este proceso para que no se sienta sola.
Se necesitan personas que poco a poco se convierten en ángeles guardianes, en salvadores.
Quiénes salvaron mi lactancia:
La amiga que me regaló lanolina.
La otra amiga que me regaló brassieres de lactancia.
Mi mamá que me ayudaba de mil maneras cuando mis senos estaban por reventar la primera semana.
Mi esposo que nos cuidaba en las lactadas de madrugada.
La pezonera de silicona que cubrió mis pezones mientras sanaban, y otra vez y otra vez, hasta que dejaron de herirse.
La constancia de otras amigas amamantadoras.
Mi propia constancia. Mis propias lecturas e investigaciones.
Los que se comprometieron con las labores domésticas para que yo solo piense en estar bien, alimentarme y amamantar: mi esposo y mi mamá. Toda nuestra familia que siempre apoyó la lactancia.
Las piedras del camino:
(piedrecitas que duelen pero que puedes patear sin hacerte hígado).
El primer pediatra que pesaba repetidamente a mi bebé para ver si necesitaba fórmula.
El pediatra que después de un año dijo que mi leche ya no lo estaba nutriendo.

La sesión ya estaba concluyendo, Río ya no quería tomar tanta teta. Los bebés son quienes que marcan el ritmo. Fue una sesión cálida, con una luz linda que nos acompañó.
Terminé muy feliz.
Que nadie rompa el vínculo. El refugio. Se transformará pronto en un nido, en un abrazo. Y nadie te dirá cuánto amor te desborda el corazón.

Al irme, Mavi me dijo: «Va a quedar linda la web». No tenía idea de hacer una página web, en realidad, solo un FanPage de Facebook. Así que, tomé esa afirmación como una sugerencia (un mandato) y separé el dominio web al llegar a mi casa. Parece que ella lo tenía más claro que yo.
Gracias, Mavi.
Lima, diciembre 2018

Inma y Eduardo
Inma fue una de las primeras mamás que me escribió y fue tal vez la que me inspiró a contar las historias porque me contó la suya sin reparos. Quedé con ella para tomar las fotos a la semana siguiente. Me recibió de manera muy cálida y conversamos muchísimo antes de empezar la sesión. Inma es de esas personas que sientes que conoces desde siempre, sobre todo porque muchas de las cosas que me contaba resonaban en mi. Fue la primera mamá que fotografié.
Inma es española viviendo en Perú desde hace unos cinco años. Tiene tres hijos de cinco años, dos años y seis meses.
Vine a Perú con mi hijo mayor de 20 días y mi marido, así que me tomé la lactancia y el cuidado de Nicolás al 100%.
Al inicio no fue fácil, sola en un país desconocido y con un bebé que cuidar, el porteo y el colecho fueron sus aliados.
Tiene dos fulares elásticos, una bandolera con anillas, un mei tai y una mochila ergonómica. También colecha con sus hijos. Con Nicolás, el mayor hasta los 4 años (hace un año) y sigue colechando en la misma cama con Victoria y Eduardo.
Mientras transcurría la sesión, Eduardo, de seis meses, no paraba de ver la cámara. Volteaba a cada segundo para ver qué es lo que yo estaba haciendo y eso nos causaba mucha risa. Claro, eso significaba que dejaba a su mamá con la «teta al aire». Inma no estaba segura si las fotos iban a servir, pero de hecho que sirven. La lactancia no es solo el momento de «lactar». La lactancia es risa, juegos, complicidad. Lactancia es eso también.
Al hablar de la lactancia, me cuenta que en todo este tiempo la lactancia ha tenido un papel muy especial en su vida durante estos últimos seis años.

He amamantado casi ininterrumpidamente desde hace cinco años. He solapado embarazos y lactancias.
Sus dos primeras lactancias han sido ininterrumpidas y exclusivas, ya que nunca les ha dado un biberón ni se ha extraído leche. No se separa de ellos nunca y cuando empezaron la alimentación complementaria siempre estuvo ahí cada vez que querían lactar. Espera que esta lactancia sea igual.
Mis hijos son lo más importante del mundo, estoy siempre por y para ellos, leo mucho sobre crianza y trabajo mucho con ellos. Soy bastante mamá gallina.
El hecho de haber estado siempre presente con sus hijos, no la ha detenido y en este tiempo ha podido montar una empresa de chalinas, dos tiendas multimarca (que cerró con el tercer embarazo) y gestiona una comunidad de mujeres llamada «Tacones por Perú», que alberga a más de 3,000 mujeres (la mayoría extranjeras de veintidós nacionalidades distintas). Inma organiza talleres, cursos, cenas y desayunos y actividades con los niños.

Compaginar nuestra vida profesional con nuestra maternidad es difícil, sobre todo para encontrar un poco de tiempo para una misma. Inma y yo estamos en situaciones parecidas, buscando ese equilibrio que es tan necesario para tomar un respiro y sentirse recargada. Como parte de esta búsqueda, es que se animó a acompañarme en el proyecto.
Siento que aun estamos en el principio de la normalización de la lactancia. Todavía sigue siendo raro ver a una mujer amamantar. Se ve como un sacrificio y no debe ser así.
Gracias, Inma.
Lima, Diciembre 2018

