Historias de Lactancia 2019

Patricia y Faíza

Llegué a Patty por una publicación que hice acerca del aniversario de una «lactada» de protesta que convoqué en abril del 2018 en el Centro Comercial Larcomar. Patty vio la publicación y la compartió en sus redes y luego me envió un mensaje. Me contó acerca de su experiencia con la lactancia y que si organizaba otra lactada, le encantaría participar. También me contó del blog de maternidad que tiene llamado Frida y su lunar. Frida es su hija mayor.

Me interesó mucho todo lo que me contó, así que me puse a leer su blog y encontré algunos posts respecto a sus experiencias con la lactancia materna y sus dos hijas y como tuvo una lactancia mixta con Frida y una lactancia exclusiva con Faíza. Para ese momento yo ya estaba considerando crear las historias del 2019 así que pensé en ella para pedirle si quería formar parte del proyecto y aceptó.

Mi historia con la lactancia materna es complicada. Traté de llegar empoderada a mi primera maternidad pero por presión familiar, el miedo me venció. Fui mal diagnosticada de hipoplasia mamaria, así que Frida, mi primera hija, fue alimentada con fórmula y un poco de lactancia diferida.

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El primer mes de mi primera maternidad fue bastante doloroso porque aparte de sentir que le estaba haciendo daño a mi bebé por lo que podría dejar la fórmula como secuela, sentí que no estaba siendo buena madre, no era una madre completa, no era una madre mamífera.

Patty yo yo nos conocimos en el I Círculo de Mujeres Puérperas que convoqué. En ese círculo, nos contó acerca de su diagnóstico de hipoplasia mamaria (que en realidad no fue tal porque ningún especialista lo hizo) y de cómo luego de mucha constancia pudo lograr sacar adelante su segunda lactancia.

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Al llegar mi segundo embarazo, decidí buscar apoyo y demandar un nacimiento más respetuoso donde no den fórmula solo por nacer con cesárea. A pesar de eso, creía que igual debía complementar por mi falso diagnóstico pero recuerdo claramente cuando un mes y dos días después del nacimiento  de Faíza, mi segunda hija, decidí ser valiente y desde ese entonces nuestra lactancia se convirtió en exclusiva.

Atravesar los miedos y la culpa no es fácil. Se requiere de mucho valor porque la duda y el temor nos pueden jugar una mala pasada, pero Patty, como nos cuenta, decidió ser valiente. Gracias a esa valentía, impulsada por el amor a su bebé, pudo luego de tener una primera lactancia mixta, una lactancia exclusiva. Faíza actualmente tiene siete meses.

Siempre repetiré que la lactancia es sanadora. Existe evidencia científica que la lactancia, entre otras cosas, previene la depresión por pasto. Pero no solo eso, puede sanar una cesárea no deseada, una pérdida, una lactancia anterior que no fue exitosa o  sanar una herida del linaje femenino.

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Ahora, aparte de orgullo y poder, siento que he reinvindicado la maternidad de las mujeres de mi familia. Mujeres que como yo, también dudaron de su capacidad mamífera. A mi bisabuela casi le arrebataron a sus dos hijas y por lo que he averiguado no tuvo más hijos. Mi abuela nunca la conoció, nunca conoció el amor de madre y por ende tampoco fue amamantada. Entiendo que por ese motivo, tampoco les dio de lactar a sus hijos. Sin embargo, sé que a mí mamá fue a quien más le dio, pero solo fueron meses.

Mi mamá tampoco me dio de lactar mucho tiempo, tal vez solo un par de meses.

Venimos de linajes de mujeres que por diferentes causas no han amamantado, ya sea por desconocimiento o por un factor cultural, entre otros motivos. La lactancia si bien es instintiva por parte del bebé, es aprendida por la madre al ver amamantar a otras mujeres de su entorno. Con la inclusión de las fórmulas lácteas, las mujeres hemos perdido referentes y muchos de los consejos que se dan, son en base a la lactancia con fórmula (que es muy distinta a la lactancia materna). A esto se le añade el fuerte contenido emocional de la lactancia y las heridas inconscientes que puede dejar en mujeres que no amamantaron y desearon hacerlo o no se lo permitieron. Esa herida se va heredando y se nos muestra cuando nos volvemos madres y nuestra propia madre nos sugiere usar fórmula ante el menor signo de un brote de crecimiento y claro, la duda siempre nos asalta, la misma duda que ellas tuvieron. Muchas veces solemos ser muy reactivas antes estas sugerencias, ignorando que además de la desinformación, esta sugerencia tiene una fuerte carga emocional. Debemos ser conscientes también que ellas (nuestras madres y abuelas)  hicieron lo que pudieron, con las herramientas que tenían en su momento y con el más grande amor de madre.

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Yo quiero reinvindicar a todas ellas, a mi madre, a mi abuela, a mi bisabuela y las que estuvieron antes. Por eso, trataré de darle de lactar a Faíza lo más que pueda.

Para sanar, solo se necesita de alguien que despierte y muestre con todo el amor del mundo, la valentía de reivindicar, de confiar en una misma y de hacer una nueva historia para todas las mujeres de su familia y para sus hijas.

Somo mamíferas, somos capaces.

Gracias, Patty por tan hermosa lección.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8

Grazzia y Elha

Conocí a Grazzia a través del grupo «mamá tierra». Ella el año pasado respondió a la convocatoria que hice en el grupo buscando mujeres que quisieran retratarse conmigo, pero por cosas de la vida (el tiempo se me acabó y yo tenía que sacar el material con lo que tenía), no la retraté en ese momento. La vida siempre te pone oportunidades cuando las cosas tienen que suceder, así que cuando leí en el grupo que estaba embarazada y continuaba con la lactancia, no dudé en contactarla para esta segunda edición.

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Nunca soñé con ser mamá, pero siempre supe que lo sería a los 36 años. Muy en el fondo sabía que me iba a dedicar por completo y “de la mejor manera” a mi bebé.

Soy vegetariana, los lácteos me caen malísimo, así asumí que mi hija podría serlo y no iba a correr el riesgo con ella. Ya había decidido que no le daría fórmulas. Sí o sí le daría de lactar!.  Por lo tanto, debía encontrar toda la información, herramientas y conocimiento para lograrlo.

Grazzia me cuenta que durante su primer embarazo, casi se volvió vegana. Retiró tanto los pescados y el huevo de sus comidas, siempre de la mano de una nutricionista que avaló la dieta que seguiría para controlar la calidad y cantidad de nutrientes que consumía. Su embarazo fue muy cómodo después de los desafiantes tres primeros meses, donde como a la mayoría, todo le daba asco y solo quería dormir.

Tenía un ritmo de trabajo fuerte, pero también tenía la agilidad y fuerza física para realizarlo; aunque jamás pude llevar la rutina idealizada con prácticas de yoga y relajación con las que soñé. Literalmente pase de la oficina a la clínica para pasar por una indeseada cesárea, gracias a Dios, bastante humanizada y respetada.

Por fin me enfrentaba a la realidad: 

Mamá primeriza con antecedentes de perfeccionismo, sin una mamá en vida que me pueda explicar, entender, acompañar, consolar, y sobretodo soportar. Con las suficientes personas alrededor con las mejores intenciones para aconsejarme y con un instinto que en el mayor porcentaje del tiempo les daba la contra a todos los buenos consejos. Simplemente muchas cosas no me cuadraban, pero tampoco sabía como hacerlo correctamente. 

Grazzia es una mujer-mamá que no teme decir no y eso me constó cuando la conocí. Ella me cuenta que aprendió que la tranquilidad y paz mental son primero que los compromisos sociales. También aprendió que no es una súper mamá, y sabe que tiene limitaciones, aunque siempre se presione para hacerlo lo mejor posible.

Nuestros hijos sacan lo mejor de nosotras, esa mujer fuerte y decidida que hace todo por defenderlos y cuidarlos, por alimentarlos. Y Grazzia, como toda mamá que sabe decir no, no aceptó visitas en la clínica ni en casa hasta pasado el primer mes de nacimiento de Elha. Ella solo quería aprender y saber que su hija estaba bien atendida y lo mejor alimentada posible. Al inicio le daba vergüenza dar teta en público, pero esa vergüenza la perdió muy rápido.

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De mamá perfeccionista, hija perfeccionista. Fue muy duro aprender a dar de lactar, me dolía demasiado. Sangré, lloré, dudé y me asusté.

Elha no aceptaba nada sintético, los protectores de pezón literalmente los arrancó y tiró fuera de su teta, así recién nacida. Succionaba con fuerza de niño (así me dijeron), se desesperaba por más y aunque con toda la asesoría de lactancia de primer nivel que tuve la suerte de tener, siempre pero siempre se llenaba de gases.

Nunca aceptó un biberón, jamás pude hacer un banco de leche, tenía que ser directo de la fuente.

Y fue ahí cuando Grazzia lo comprendió y se dejó llevar por su instinto. Libre demanda es libre demanda. Así que desde ese momento se convirtió en «La Teta de Elha», como se hace llamar, 24 horas al día los 365 días del año por más de dos años, casi tres.

Luego, llegaron los comentarios:

  • ¿Hasta cuándo le vas a dar de lactar?
  • Te esta usando de chupón.
  • Tu leche ya no la alimenta.
  • No es bueno para tu hija que siga tomando teta.
  • Tiene mamitis.
  • Si toma teta no va a comer.
  • No tienes vida, necesitas un espacio para ti.
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Muchas veces todos esos comentarios me afectaron, me indignaron, me aturdieron.

Pero el tiempo se ha ido tan rápido, que yo sólo puedo quedarme satisfecha con que #superElha recibió de mi lo mejor que le pude dar, que nunca supo lo que fue llorar por hambre porque la teta siempre estuvo lista con la temperatura ideal y llena de nutrientes para alimentar su cuerpo y su corazón.

Porque la teta no es sólo el mejor alimento, es amor puro líquido que recorre su cuerpo y su alma y le da paz y seguridad. Porque cuando ya casi se había destetado fue la mejor anestesia de amor que la calmó y adormeció para soportar el dolor de una caída con corte, puntos y despuntadas. ¡La teta lo cura todo!

Días previos a la sesión de fotos, Elha tuvo un pequeño accidente donde tuvo un corte cerca del labio y la teta ayudó a superar el dolor hasta llegar a la clínica. Grazzia no quiso ponerle anestesia para retirar los puntos debido a la mala experiencia que tuvo la primera vez. Nuevamente, como toda mujer que sabe decir no (en este caso a la anestesia), y en contra de todos los que no le creían, tanto Elha como ella dijeron SÍ a la teta y fue así como la teta (tetanalgesia) fue la que hizo que Elha no sienta dolor al momento de retirar los puntos. Realmente la teta lo cura todo.

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Con seis meses de gestación al momento de la sesión y un destete en proceso, Grazzia me cuenta que el saber cómo llevar a cabo el destete fue una duda que siempre la persiguió un tiempo sin encontrar respuesta. Ella buscaba la opción fisiológica respetuosa para su hija porque no quería causarle ningún tipo de dolor. Con el tiempo se fue dando cuenta que el destete se da solo, de a pocos, poniendo algunos límites, ofreciendo alternativas, distrayendo a los niños y sobre todo dándoles mucho amor.

Elha dejó de tomar teta a libre demanda durante el día, pero se mantenía a libre demanda por las noches despertándose de dos a tres veces durante la madrugada. De pronto un día durmió de corrido toda la noche por si misma.  Le dio gracias al universo porque ya estaba más que agotada y embarazada de nuevo.

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Elha tiene un poco mas de tres años y su hermanita nacerá pronto.

Elha ya casi no pide teta y si la pide no siempre la toma porque la distraigo y le parece mas interesante la nueva propuesta.

Elha sabe que su hermana va a tomar teta y dice que le va a enseñar como hacerlo. Vamos a ver qué pasa, quizás termine dando teta en tándem.

Ser madre nos desafía. Nos pone al frente a todo lo que consideramos espacio seguro y nos hace soltar aquello que no nos hace vivir ligeras. Entregarse a la maternidad es un arte y no importa de dónde vengamos o lo que creamos, todas aprendemos la misma lección: el amor por nuestros hijos nos hace florecer, nos convierte en esa mujer que sabe decir no, que confía en si misma y cumple lo que se propone, que sabe poner límites saludables, que sabe escuchar su cuerpo, que idea mil y un maneras de distraer y dar bienestar a sus hijos, que sabe hacer «oídos sordos» a los miles de comentarios «bienintencionados» pero llenos de desinformación, que sabe que ella es todo lo que sus hijos necesitan.

No hay mayor tranquilidad que saber que nuestros hijos recibieron lo mejor de nosotras.

Gracias, Grazzia, por recordarnos esta lección y abrirnos tu corazón.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8

Jossy, Adriano y Luca

Jossy fue una de las mamás que asistió a la lactada de protesta que organicé en Larcomar en abril del 2018 pero hasta ese momento no nos conocimos. La seguía en sus redes sociales porque tiene un blog llamado Chamosa donde comparte información de sus servicios de Yoga y Coaching para acompañar y ayudar a las personas a encontrarse a si mismas. Tiene información realmente valiosa para compartir.

Hace unos meses vi una publicación suya acerca de la lactancia y el título era «Destápate» y por eso me animé a proponerle ser parte del proyecto y aceptó.

Conocí a sus maravillosos hijos, Adriano y Luca  cuando llegué a su casa y mientras nos acomodamos, me contó acerca de sus partos y sus lactancias.

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Mi primer parto fue un parto traumático, por lo cual mi bebé tuvo que quedarse en cuidados intensivos y el doctor me dijo que no podía darle el pecho hasta que ellos me lo indicaran.

Yo no estaba preparada para ese parto ni para esa noticia, yo soñaba con tener a mi bebé en mi pecho al dar a luz y darle mi teta. Me sentí muy mal por no poder darle mi leche, pues yo estaba convencida que darle mi leche era el mejor alimento y comencé a pensar que sino le daba ya luego no me saldría, así que en ese instante me dije a mi misma: “ Yo voy a darle mi leche”.

Tantos sentimientos encontrados que pueden surgir en ese momento, entre frustración, miedo, tristeza y dolor. Nadie, como dice Jossy, espera tener un parto asi ni pensar que te van a separar de tu bebé. Sin embargo, una luz puede surgir, una esperanza.

me saqué una teta y comencé a extraerme manualmente, vi que sólo era una gota la que caía, pensé que era muy poquito. Luego me informé que así era al inicio y no me di por vencida. Cada tres horas me estimulaba con el saca leche eléctrico y también me extraía la leche manualmente.

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Así fueron los diez días que Adriano, su hijo mayor, se quedó en la clínica hasta que le dieron de alta. Jossy nunca bajó la guardia, ni mucho menos permitió que su mente le dijera que no lo podría hacer. Al contrario, mientras se extraía la leche, imaginaba o visualizaba la cara de su bebé y ella dándole de lactar, como si él estuviera realmente lactando. Jossy dice que la mente no diferencia la realidad de la imaginación , así que eso fue lo que hizo. Al inicio fue muy difícil, pues en la clínica a Adriano, le habían estado dando una fórmula en biberón.

Adriano no quería tomar directo de la teta, le costaba mucho y lloraba y yo me sentía mal y me estresaba por eso, pero con mucha paciencia y sobre todo por no darme por vencida, sobre pase el dolor. Pude lograr la lactancia que tanto había deseado y esa lactancia duró dos años hasta que nació el segundo bebé.

Cuando Jossy quedó embarazada de Luca, su segundo hijo, pensó en continuar una lactancia tándem, pero por alguna razón, al parecer el sabor de la leche o tal vez salía menos leche, Adriano fue dejando de lactar. Sin embargo, Adriano aun lacta a veces y durante la sesión de fotos, entre juego y juego, se animó a tomar un poco de teta.

Esto es algo muy común, el sabor de la leche puede cambiar durante el embarazo y este cambio a algunos bebés no les gusta y por eso optan por el destete y cuando nace el segundo bebé, y si así lo quiere la madre, el bebé mayor puede volver a lactar. No hay evidencias que esto sea un inconveniente en el desarrollo de ninguno de los dos bebés (o niños).

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Cuando nació mi segundo hijo, Luca, fue el parto más hermoso que había imaginado, súper respetado, me lo pusieron al pecho y lactó al instante. Esta vez no me dolió nada, de nada.

Luego de un primer parto complicado, Jossy pudo tener lo que siempre había esperado, todo tal cual lo imaginó, un parto y un inicio de lactancia sanadores.

Es por ese motivo que es vital luchar por más partos respetados, donde se respete la hora sagrada, donde se promueve la lactancia materna y personal médico capacitado que incentive a las madres con inicios difíciles a continuar, a saber que no están solas, a que sí se puede tener la lactancia que una sueña, a informarse y creer en una misma.

Además de ser yogui, Jossy es deportista. Cuando Luca tuvo un año, decidió participar junto a su esposo en una carrera de montaña que duraba tres días. Durante esos días no podría ver a su bebé y el destete no estaba en sus planes. Le dijeron que se le podría cortar la leche, pero no hizo caso. Ya se había demostrado antes a si misma en situaciones difíciles que cuando se quiere, se puede.

En el campamento me levantaba a las 4:30 a.m. para sacarme la leche manualmente, y apenas terminaba un tramo de la carrera lo primero que hacía era sacarme la leche (llegaba con las tetas llenísimas de leche).

No me importaba el hambre, lo primero que hacía era sacarme la leche. Mientras corría pensaba: “tengo que llegar rápido y sacarme la leche”, y así hasta que llegó el día final de la carrera y cuando llegué a la meta lo primero que hice fue darle de lactar a mi bebé.

Y Luca la esperó con toda la paciencia del mundo.

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Luca tiene actualmente dos años y no hay signos de querer destetarse. La lactancia continúa fluyendo, tan natural y cómoda para los dos.

Aqui les dejo el texto que escribió Jossy en su fanpage, acerca de la lactancia:

D E S T Á P A T E

¿Por qué no te tapas?, ¿No te da vergüenza mostrar la teta?, más de una vez me lo han preguntado y mi respuesta es la misma: No, no me da vergüenza, porque dar de lactar es un acto natural.
Soy una defensora de la lactancia materna, de la lactancia con Apego, de sacarme la teta en donde esté para dar de lactar a mi bebé si lo necesita, incluso me he tenido que tirar al piso en un supermercado a sacarme la teta para calmar a mi bebé y no he pedido una toalla para taparme porque dar de lactar es el acto natural de todo mamífero, propio de la naturaleza humana, está desde aparecimos en este planeta, nuestro primer alimento, sin embargo, veo que para muchos e incluso mujeres descubrir el seno lo ven mal, lo ven morboso, más aún si están acompañados de su pareja o hijos, también hay una especie de rechazo si al que estás dando de lactar es un bebé de más de un año, me dicen: “Eso ya no alimenta”, “Ya está muy grande”, parece que algunas personas no soportan ver a un niño lactando, esperan que sea un bebé o un recién nacido, hay mucha ignorancia respecto a la lactancia materna y sus beneficios porque su única desventaja son los comentarios sin sustento y llenos de prejuicios que abundan en esta sociedad.

Gracias, Jossy, por destaparte, por ser valiente y no desistir.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8

Ale y Francesco

Conocí a Ale por medio de mi cuenta de Instagram. Fue a una charla de banco de leche que organicé y ahí pudimos conversar un poco, así que me animé a pedirle si quería ser parte del proyecto.

Ale es mamá de Francesco, un hermoso bebé de tres meses. Pronto volverá a la Universidad pero mientras tanto se dedica de lleno al cuidado de su bebé.

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Antes de quedar embarazada, no sabía mucho sobre la lactancia. Sabía que de bebé me dieron formula, pero yo no sabía la diferencia entre fórmula y leche materna y pensaba que eran lo mismo.

Durante mi embarazo averigüé un poco más y aprendí sobre la composición de la fórmula y la diferencia entre fórmula y leche materna y el hecho de que la formula cuesta. Dije, no, yo quiero darle pecho a mi bebé de todas maneras, como sea, porque ya sabía que de verdad era lo mejor que le podía dar y además es gratis.

Es común, muchas veces, que por ser una mamá joven, los «mayores» quieran llenarlas de ideas y consejos no siempre basados en evidencia sino en mitos. Consejos llenos de buena intención, claro, pero no siempre ciertos. Además de los consejos, también están los miedos y frustraciones que cada uno tiene y los quiere trasladar a otros.

Es ahí donde cada mujer debe usar su criterio para diferenciar lo que le sirve de lo que, de lo que la hace conectar con su instinto, de lo que no, de lo que tiene coherencia, de lo que no.

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Fui recibiendo bastantes mensajes de muchas personas, especialmente mamás, que decían que la lactancia iba a doler al comienzo, que tenía que prepararme y una serie de mensajes negativos que decidí omitir, porque si yo pienso que la lactancia me va a doler, me va a doler.

Así que en vez de predisponerme a la idea de que lactancia iba a doler o del parto (porque me decía que era el dolor más horrible que iba a sentir en la vida), decidí centrar mi mente en que todo iba a ser lo mas pacifico posible, tanto el parto como la lactancia, porque de verdad para mi, sentir que si es algo natural, 100% creado por la naturaleza, no debería doler. Yo creo que sí nos predisponemos bastante al dolor de lo que realmente es.

No se necesita ser muy «viejo» para tener sabiduría interior, para entender que el dolor es parte de la vida y que no debemos verlo como un enemigo. Cada contracción nos acerca a nuestros bebés, atravesamos el túnel del dolor para traer a nuestros bebés al mundo. Sin embargo, la idea del dolor de parto como algo que debemos «aguantar» o rechazar está muy metida en nuestra mente. El hecho de estar en un ambiente favorable y con la compañía adecuada, también ayuda a poder atravesar el dolor de una manera más calmada, sostenida y confiada. Cambiar la percepción que tenemos del dolor puede también cambiar nuestra forma de ver la maternidad y el placer.

Mientras transcurría la sesión, Ale me cuenta de su parto, de cómo se fueron dando sus contracciones y cómo comprobó que estar en un ambiente calmado, puede ayudar a mitigar el dolor. De como su parto fue bastante tranquilo y que confiando en su cuerpo, pudo traer al mundo a Francesco.

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Me acuerdo que cuando Francesco nació, me lo trajeron al cuarto luego de dos horas para darle de lactar la primera vez. Ya me había estado saliendo calostro desde el cuarto mes de embarazo y yo sabía que era lo primero que tenía que darle y sabía que era lo mejor porque tiene anticuerpos así que quería darle calostro como sea.

Cuando lactó por primera vez, al toque chapó la teta porque se moría de hambre y no me dolió, a pesar de no haberme enseñado posiciones muy bien y no tenía idea de como darle de lactar, no tenía idea de nada, solo sabía que su boca tenía que ponerse como agarrando bien y no me dolió a pesar de lactar una hora seguida.

La lactancia de Ale ha transcurrido muy tranquila, sin grietas, sin dolor, sin necesidad de complementar. Ale confió en ella desde un inicio y no dudó.

Sin embargo, a veces nuestro entorno nos juega en contra. Los mensajes en la sociedad muchas veces desmotivan a las mujeres. Mensajes llenos de prejuicio y muchas veces de ignorancia (ignorancia producto del «no saber» o «no querer saber»). Personas que quieren regalar fórmula, chupones, biberones porque los creen necesarios porque seguro no saben cómo funciona la lactancia materna y las consecuencias de darle fórmula a un bebé o no se detuvieron a preguntarle a Ale cuáles eras sus necesidades reales. Tenemos muy normalizado esto.

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También comencé a recibir criticas cuando Francesco nació. Cuando entraba a una crisis y lloraba y me decían que mi leche no le llenaba, que le diera fórmula para que duerma al toque y que no llore. Luego averigüé que no es verdad que la fórmula haga dormir a los bebes.

También me ha pasado que en la calle he tenido que dar de lactar y las personas me han mirado raro o inclusive me han pedido que me tape para que nadie me mire y han hecho escándalo. Una vez estuve en un restaurante y me sentí tan observada y juzgada, que tuve que ir al baño a darle leche a Francesco. Fue una experiencia horrible. Terminé de dar de lactar sentada en un water.

Tambien me pasó que mi pediatra resultó ser no tan pro lactancia. Al inicio me motivaba pero luego me dijo que le ponga horarios de lactancia a mi bebé para evitar que engordara. Luego averigüé y en realidad la leche materna previene la obesidad.

Ninguna madre merece un trato así. Ningún bebé merece un trato así. Es por eso que a pesar de vivir en un país que tiene los mejores índices de lactancia de la región, aun nos falta mucho por aprender como sociedad, como humanos. El respeto por el otro es básico. Respetar la vida, la dignidad, nuestros derechos. Normalizar la lactancia es un tema de importancia para todos, así no tengamos hijos. El futuro de la humanidad radica en cómo somos tratados en nuestros primeros años de vida y somos las madres quienes llevamos a cabo el papel principal en la crianza. De nuestro bienestar depende el bienestar de nuestros hijos y del mundo. Si tan solo entendiéramos esto…

Felizmente que existen personas que trabajan para que poco a poco vayamos cambiando como sociedad y las nuevas generaciones lo tienen más claro que nosotros.

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Más allá de los comentarios, he seguido mis instintos maternales porque siento que así lo son y he hecho lo que siento que es mejor para mi bebé y sé que lo mejor que puedo dar a mi bebé es leche materna.

Ahora Fran tiene 3 meses y creo que está entrando en la crisis de los 3 meses porque creo que no toma tanta leche y juega un montón con la teta, toma leche, muerde y luego tenemos una conversación y me sonríe. Espero poder darle leche hasta los 2 años, hasta que mi cuerpo quiera o hasta que Francesco quiera.

Ahora doy de lactar donde sea, porque no debemos tener vergüenza de hacerlo más natural del mundo, todos hemos tomado leche o fórmula de bebitos. Hay que aceptarlo y no tener vergüenza.

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Hay una conexión hermosa, directa con tu bebé, es lo más lindo. Fran me mira, me agarra la mano, es super tierno, es como si estuviéramos abrazándonos mientras le doy leche. Es como si me estuviera diciendo que me necesita ahí con él y que me ama.

Creo que es lo que más amo de la lactancia, porque no solo le doy el mejor alimento, sino que logro generar un vínculo súper especial con mi bebé, un vínculo muy profundo.

Es una conexión en todo sentido, físico y emocional. Es como si los dos nos transmitieramos todo a través de la lactancia.

Gracias, Ale. Por tu sensibilidad, ternura y valentía. Nos dejas una bella de lección de empoderamiento.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8

Andrea y Noah

Conozco a Andrea desde este verano. Nos vimos dos veces en lugares distintos un mismo día por esas casualidades de la vida el día que nos conocimos. Por la mañana nos veíamos en El Pez en la Luna cuando llevábamos a nuestras hijas al taller de vacaciones y una vez por semana por la tarde en La Comunidad, en el taller de Movimiento Auténtico con Marisel La Rosa.

Nos fuimos conociendo ahí y de hecho un vínculo muy bonito se formó con todo el grupo, por todo lo compartido y vivido, por vernos reflejados los unos en los otros. Era para mi importante hacerla parte de este proyecto.

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He vivido dos lactancia, en ambos casos el inicio fue gracias a Dios muy fluído, sin inconvenientes. Siempre bien establecido todo…. aun así, el revolcón de hormonas y emociones que esto implica me tenían medio loca y confundida.

Al tiempo, entendí , que simplemente se trataba del fluir,  de la energía del amor por todo mi cuerpo, estimulándolo todo hasta su punto máximo de producir alimento para mi bebé.

Y así es Andrea, fluye con la vida, con su cuerpo. Como yogui, ella sabe la importancia de mantener la mente, el cuerpo y el espíritu en equilibrio, que somos uno y estamos conectados y no podemos separarnos. Y así también debería ser una lactancia desde un inicio. Mucha conexión y dejar fluir, en libertad. Quitarnos los miedos y las dudas y confiar. Entregarse. Sin embargo, es difícil muchas veces por todo lo que nos dicen o cuentan.

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No me imagino haber llevado mis lactancias de otra manera, mis bebés han crecido y Noah aun crece pegado a la santa y sagrada teta.

Para mi la teta es un acierto frente a cualquier situación…

Dolor, desbordes emocionales, miedo, tristeza, para todo eso la teta, que todo lo cura y todo lo sana.

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Hace algunos meses, cuando le comentaba a Andrea que había empezado a hacer círculos de lactancia y destete, me contó que tenía muchas emociones mezcladas porque pensaba en destetar, pero no sabía ni cómo ni por dónde empezar. Nuestros segundos hijos tienen casi la misma edad, así que comprendía perfectamente sus dudas y sobre todo su cansancio.

En este momento, estoy pasándolo (el destete) con Noah y es como si supiera que se aproxima y solo quiere estar pegado a la teta.

Es difícil, pero siento que con el debido apoyo de la comunidad en general, estos procesos podrían ser más sencillos.

Espero que este destete sea paulatino, amable y saludable para todos.

A pesar que pueda estar feliz de destetar para poder regresar un poco “a mi”, el otro día lloré pensando en que en algún momento esos ojitos que me miran por debajo del pecho ya no estarían en ese lugar…

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Esos ojitos bellos y llenos de amor.

Yo también he pasado por un destete, el de mi hija Rafaella y aun dudo respecto a cuándo empezar o siquiera si debería empezar o esperar el destete voluntario de mi segunda hija Vera. No sé…

Siento que también la extrañaría mucho, que sentiría que ya está creciendo y que como será mi última bebé y el no tenerla «así», lactando, significaría que se acabó, que es un hecho que no habrán más bebés en la casa. Es hacer tangible algo que por más que las madres sabemos que ocurrirá, no queremos que ocurra. Es parte de la vida, de crecer. Da pena, pero hay que hacerle espacio a esa pena.

Finalmente, tendremos la satisfacción de haberlos disfrutado, de haber experimentado por el tiempo que pudimos y quisimos de algo tan bello y milagroso, que nos hermana a todas las mujeres. Una mezcla de emociones desde el momento que lactan por primera y por última vez.

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La lactancia es lo más hermoso, salvaje, natural, dulce, delicioso, excitante y sexual que tiene la mujer el privilegio de experimentar.

Recuerdo cuando Noah tenía un mes, Daniel, mi compañero, me dijo: «Hueles a leche».  Yo sentí como si me hubieran dicho el halago más profundo de la vida. Estaba feliz de oler a leche. Leche dulce.

Y es que eso somos, hembras mamíferas que olemos a leche dulce, a vida.

Gracias, Andrea, por tu pasión, por tu alma libre, por tu honestidad y amor.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8

Virginia y Pietro

Virginia es una mujer muy fuerte y te transmite esa fuerza desde la primera vez que la ves. La conocí por el grupo «mamá tierra» y luego la fui encontrando en otros grupos hasta que coincidimos físicamente porque ambas fuimos madres de leche de una pareja de mellizos prematuros que se encontraban en una situación complicada. Ella es madrina de uno de ellos. Actualmente tiene un proyecto hermoso junto a otras dos mujeres, llamado La Semilla, un espacio de co-working/guardería, donde las madres con hijos pequeños pueden continuar desarrollándose laboralmente mientras sus bebés son cuidados con  mucho amor. Un espacio para criar en comunidad.

Virginia también es madre de mellizos, Filippo, que lo tiene aquí junto a ella y Nerea que vive en su corazón. El menor de sus hijos es Pietro.

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Mi primer embarazo fue de mellizos, un niño y una niña.

Como mamá primeriza quería estar perfectamente preparada con todo y había  leído también un montón de lactancia en tandem y de los beneficios de la leche materna.

Sin embargo, a 34 semanas de embarazo todo se complicó horriblemente: el corazón de mi hija paró de latir, mi presión se disparó, terminé en una cesárea de emergencia que salvó la vida a mi hijo y me tuvieron que poner anestesia total.

Cuando por fin pude tener a Filippo entre los brazos habían pasado más de 12 horas.

Yo me sentía destrozada y al niño, nacido de 2 kilos y 400 gramos, ya le habían dado varias tomas de biberón. Intenté darle teta lo más que pude pero no se agarraba. Pagué una asesora de lactancia que no me ayudó en nada. Yo lloraba por tener que darle fórmula y terminaba regañada por el neonatologo.

Me pasaba horas pegada al extractor para sacar dos gotas de leche.

Cinco días después que nació mi hijo llegó a Roma una de mis mejores amigas, mamá de dos y embarazada del tercero.

Yo estaba hecha un paño de lágrimas y super estresada por la lactancia.

Me miró y me dijo: «Mujer, este niño va a crecer sano también con leche de fórmula y si no tienes que dar de lactar puedes salir a tomar… Y me parece que te hace falta».

Ya. eché la toalla. Decidí que no necesitaba otra cosa que me causaba tristeza y estrés. Compré leche orgánica de vacas felices suizas y me puse el corazón en paz.

Y de hecho fue una maravilla: el niño desde los 6 meses dormía toda la noche, su papá podía alimentarlo y yo podía irme a pasear para despejarme y a mis citas con la psicóloga.

Creo que mi cuerpo, sabio, supo que después de la pérdida de mi hija la lactancia me habría causado más problemas que beneficios: yo ya estaba en depresión y necesitaba todo el descanso posible para poder recuperarme.

Me recuperé.

Pero me quedó la sensación de haber fallado.

A todas las visitas en las cuales me decían que Pipe (Filippo) era bajo el percentil, pensaba que quizás con la lactancia hubiera crecido mejor, y todas las miradas de las mamás que sí habían logrado lactancia materna cuando sacaba el biberón me hacían sentir demasiado culpable.

¡Cuánto apoyo necesitamos las madres!.

Solas no podemos.

El día que entendamos, que como sociedad, el hecho de cuidar del bienestar materno depende el futuro de la humanidad, tal vez cambiemos un poco. Para poder hacernos cargo de otra persona, primero debemos hacernos cargo de nosotras mismas y parte de ese cuidado, es velar por nuestro estado emocional y eso está por encima de todo, pero solas no podemos. Necesitamos una red apoyo, que nos contenga, que nos aliente y que sobre todo no nos juzgue.

Al resto, nos queda apoyar a las madres y alentarlas en sus decisiones. Para criar, como dice Virginia, necesitamos el corazón en paz.

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Con mi segundo hijo tuve una linda cesárea programada. Mi esposo pudo entrar desde que me pusieron la epidural.

Recibí a mi hijo en los brazos en cuanto salió de mi barriga y me pasé solo media hora en recuperación. A los 40 minutos estaba de vuelta a mi cuarto con un niño pegado a la teta.

¡Milagro!. Pietro nació pesando 3 kilos y 300 gramos y hambriento. Empezó a lactar como un profesional desde su primera hora de nacido y nunca paró… Continúa ahora, después de 2 años y medio.

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Tuve muchos altibajos en la lactancia. En el primer mes tuve dos veces mastitis y me sacaba tanta leche que terminé donando a la Maternidad de Lima. Igual enseñé a mi hijo desde recién nacido a tomar del biberón y dejarme unas horas libre y así mi esposo también pudiera hacerse cargo de su alimentación.

Hace dos meses logramos el destete nocturno porque era esto o quitarle la teta del todo… Y no quería. Todavía no me siento pronta para cerrar este capítulo.

Elegí (y así se lo pedí a Virginia), que la sesión de fotos fuera en La Semilla, en ese espacio que guarda la energía de todas las madres y niños que la visitan. En esa semilla de vida que nace, crece y se vincula con los lazos del amor. Y es ese vínculo hermoso que surge y que no solo se logra con la lactancia, lo pude ver el día de la sesión de fotos.

Se habla mucho respecto al vínculo especial que existe por medio de la lactancia y de hecho existe, pero hay otro vínculo igual de bonito y tal vez más grande, irrompible y sagrado, que es aquel que forma una madre con sus hijos, independientemente de la forma cómo los alimenta. La madre de por si ya es alimento para los hijos. Nuestra sola presencia sirve para calmar, curar, animar, alegrar y hacerlos sentir seguros.

Y ahí estaba Virginia, alimentando a sus dos hijos.

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No es verdad que la relación entre madres y niños alimentados con fórmula o con leche materna es diferente. Yo amo de igual forma a mis dos hijos. Y también el ritual de ir a dormir con el biberón era un ritual porque había logrado hacerlo tal.

Y mi hijo mayor siempre acompañó los momentos de lactancia de su hermano, echado al costado mío antes tomando su biberón y después sin nada por el puro gusto de estar pegado a nosotros.

Y así estuvo Pipe en toda la sesión, pegado a ellos. Fue muy conmovedor leer el material que Virginia me envió y luego editar las fotos y ver que cada una reflejaba lo que ella me contó.

No se necesitan palabras, solo observar la sutileza del amor.

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Creo que la lactancia más que todo sirve a las madres: para empoderarlas, para sentir que tu cuerpo es poderoso y que puedes dar a tu hijo exactamente lo que necesita, para sanar la relación contigo misma y volver a conectar contigo misma, que es bien difícil después de un embarazo y un parto.

Esto fue para mi. Por esto estoy tan feliz haberlo logrado.

Gracias, Virginia, por tu valentía, fortaleza y resiliencia, que nos hace creer que sí es posible.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8

Sarita y Maemi

Sarita fue al primer círculo de mujeres puérperas que organicé y ahí la conocí. Sarita es odontóloga y tiene un blog llamado Mamá Afrofeminista, donde cuenta su día a día en la crianza de Maemi, una bebé consciente y parte de su activismo y camino de deconstrucción.

Sarita tiene las ideas claras y sabe que el camino no ha sido fácil. Deconstruirse en un país racista, clasista y homofóbico es todo un reto. Criar a una bebé en medio de esta sociedad, también. Pero se necesitan quienes den el primer paso y Sarita así lo ha hecho.

Pude escuchar parte de sus historia el día que la conocí y pude ver también su fuerza y valentía. Pensé en ella para este proyecto y gustosa aceptó.

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Después del episodio doloroso (y cuando digo doloroso hago en énfasis en lo emocional) de mi parto. Les cuento un poco:  

Yo realicé todo mi embarazo con una doula. Me sentía la mujer más preparada del mundo (jejeje, sí).

Tenía un embarazo deseado, tenía una pareja que estaba apoyándome y un seguro que cubriría mi parto. De por si, estaba tranquila y sabía que todo saldría bien. Al iniciar mi labor de parto, a pesar del dolor, me sentía plena porque al fin conocería a mi bebé.

Intente hacer toda mi labor en menos de 24 horas. Sólo faltaba una dilatación, cuando me rendí. Estaba cansada y quería que mi bebe naciera ya, así que accedí a que me apliquen la medicación para ayudar al trabajo de parto. Todo esos medicamentos me hicieron colapsar. Me mareaba, veía las imágenes movidas, y estaba con oxígeno. Ya nada estaba funcionando bien y yo sólo pensaba en el control.

Yo sólo quería conocer a mi bebé y por más que pujé y pujé, no salía. 

Entonces, la doctora me advirtió: «Te queda media hora, sino ingresas a sala para una cesárea».

¿Cesárea?, ¡Pero si yo me había preparado!.

Cuando oí que mi bebé estaba con taquicardia, detuve todo e ingresamos a la sala para la cesárea. Tenía contracciones y estaba aislada en una sala mientras todos los doctores gritaban y se apuraban. Mi bebé se estaba asfixiando y había sido por mi culpa. Me sentía morir, me culpaba. 

¿Debí pujar más? 

¿Debí acceder a la cesárea desde el comienzo? 

¿Debí relajarme?

¿Porqué acepté tanta medicación? 

¿Acaso mi fortaleza se había desmoronado?

Ya estaba en la sala de cesárea y solo podía repetir: ¡Salven a mi bebita!, ¡Salven a mi bebita!. 

En esos instantes, mi vida no me importaba sólo quería que ella estuviera bien.

Como me colocaron anestesia general, no vi a  mi bebé nacer, no la conocía y nadie me daba razón cuando me levantaba. Sólo me decían: «Señora no puede hablar».

Cuando yo quería gritar no podía, porque la medicación me hacía dormir. 

Estuve sin el contacto de mi bebé durante horas. Mi bebé ingreso a UCI tras ser reanimada y estuvo con respirador. Ella no me conoció cuando salió del útero. 

Tuvimos el primer contacto y no pude estar sola. Siempre había  dos enfermeras que me repetían: «Fórmese el pezón, señora. Acérquela así. Eso no debe hacer», etc.  Indicaciones sin consideran mi estado emocional. Había estado apunto de perder a mi bebé y solo deseaba llorar.

Tras las visitas y los continuos comentarios de familiares  empecé a deprimirme.

Cuán importante es saber, como personal de salud o que tiene contacto con madres, tener las palabras adecuadas y el tino necesario para no herir a una madre. Durante el embarazo y el post parto inmediato, las mujeres somos como cristales, y requerimos ser tratadas con empatía, cuidado, cariño, delicadeza y amor. De lo contrario, cualquier comentario nos quiebra.

Bastante culpables son sentimos, si hemos atravesado un parto desafiante, y lo único que queremos es tal vez que nos pregunten cómo nos sentimos o que nos dejen llorar.

La culpa muchas veces nos enceguece, pero si sabemos escucharnos, el camino se mostrará ante nosotras.

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Así no saldrá la leche, me repetía, sólo debo relajarme. Pensaba que si no succiona no va alimentarse y se me va ir la leche, no va tener su calostro. Llegaba a mi cuarto, a veces sola, a veces con mi pareja y me sentía tan triste.Mi bebé se perdiría el calostro por mi culpa. Mi pareja sólo atinaba a abrazarme y decirme que me tranquilice. 

Después de ese día, mi senos empezaron a llenarse de leche que hasta me dolía de lo hinchado. Aún la bebe no succionaba del pecho. Cada vez que lo intentaba lloraba, se estresaba y sentía un hueco en mi corazón.

Estaba perdiendo a mi bebé. Mientras menos agarrara el seno más tiempo pasaría en UCI. Verla conectada a cables mientras cada máquina sonaba, me hacía sentir que estaba perdiendo a mi bebé y no sabía qué hacer.

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Ese mismo día, el pediatra me solicitó traer mi extractor y empezar a succionar la leche. Utilicé mi extractor de leche hasta que dejó de funcionar. Luego pasé al manual. Para ser mi segundo día, salía más leche de lo que esperaba.

Pasaba mis noches en el hospital pensando como estará mi bebé, que no puede dormir conmigo, en porqué no puedo darle su leche.

¿Acaso tenía la culpa de todo?, ¿Debí  formarme el pezón?, ¿Por qué no lo hice?. Estaba tan triste que llegué a pensar que tenía depresión postparto. 

Recuerdo estos momentos mientras mis lágrimas recorren mi rostro.

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Empecé a cuestionarme si había sido lo correcto tener una bebé sin estar preparada. La deseaba, sí, pero emocionalmente me sentía mal.

¿Acaso estaba muy joven?.

Pronto llegaron las visitas: mamá, mi suegra, tías, hermana. Mujeres que ya habían vivido esto pero a pesar de ello sólo querían decirme qué hacer o qué no hacer cuando en ese instante sólo necesitaba que me escucharan y abrazaran. 

Si de por sí con mi parto me sentía culpable del estado de mi bebé ahora tenía que afrontar que no saldría de UCI si no tomaba su leche. Estaba cansada los 5 días en la Clínica, se estaban volviendo interminables. Sólo quería irme con mi bebé a casa, mi lugar seguro.

Al llegar a casa tomamos una rutina. Apuntábamos a qué hora se levantaba y cuánto tomaba. Intentaba organizarme para controlar la situación más nada fue lo que parecía. Cuando la bebé dormía, yo me extraía leche. Se levantaba, le daba lo extraído y volvía a extraerme. 

¿Cuándo descansaba?. Pues no lo hacía. Estaba con sueño, me dolía la espalda y por más que mi pareja fuera fisioterapeuta no tenía tiempo para un masaje. Sólo pensaba: mi bebe tiene hambre tengo que darle su tetita sino me la ingresarán a UCI.

Estaba estresada, deprimida y triste… Mientras me extraía, lloraba. Sentía tanto dolor físico como emocional. Sólo pensar que la vida de mi bebé dependía de mi.

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Una noche durmiendo sentí una manito estaba medio dormida y no reconocí a mi bebé. Me asusté y lloré porque pensé en qué tipo de madre era si no podía darle de lactar y ahora ni la reconocía. 

Días después de llegar a casa oía repetidamente: pon en tu pecho a la bebé. Y lo hacía. La presionaba para que tomara su teta. Ella lloraba, renegaba y aunque me partía el corazón la presión de las personas a mi alrededor y mi miedo a perderla me hacían ceder.

Hasta que llegó la noche de la segunda semana en casa. Decidí acostarme con ella. Quería que ella sintiera mi calor que supiera que mamá estaba ahí. Esa noche me senti tan conectada con ella. En las siguientes noches repetimos echarnos juntas y como si sola me sintiera empezó a buscar mi pecho. Estaba ahí tomando de mi pecho verla así me lleno de alegría había logrado alimentar a mi bebé.

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Después de esa noche, entendí que no debía presionar a mi bebé que sólo debía relajarme y disfrutar mi momento con ella pecho a pecho. Después de esa vez en cada baño aprovechaba en abrazarla y cargarla en mi pecho sin presionarla.

Ella había entendido que yo estaba ahí para amarla y no permitiría que nadie volviera a coaccionarnos. Que mamá sería una leona si de defender a mi bebé se trataba.

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Cuando Sarita me contó esto, pensé en que ella sola encontró su respuesta. Por alguna razón, que seguro ella sabe en el fondo de su corazón, tuvo que atravesar esas dos semanas de aprendizaje, en las que se demostró a si misma que sí se podía si es que ella se lo permitía y creía.

Muchas veces la recomendación del «piel con piel» es la primera que se hace cuando se quiere relactar. Sin embargo, a veces en la práctica, esto origina mucha frustración porque se espera que sea inmediato ni bien nos ponemos al bebé al pecho. Hablamos también de la paciencia, de que esto es un proceso, pero pasan los días y nada. ¿Cuál es el secreto?: El disfrute. Es necesario saber que cada caso es único y distinto y muchas variables entran en juego y que también existen bebés que luego de hacer todo esto de la manera más consciente y amorosa, simplemente deciden no agarrar la teta. En ese caso, la madre necesita un acompañamiento adecuado para manejar las emociones que puedan surgir al respecto.

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Después de esos primero días de lactancia ella me sonreía más. A diferencia de cuando llegó a casa que incluso dormía sola en su cuna mientras yo me extraía la leche. Llegué a creer que no necesitaba, ni me quería.

Yo creo que la lactancia es un proceso que mientras menos presionas más satisfactorio es. 

Le diría a otra madre primeriza como yo: Sólo déjate fluir, tu cuerpo es sabio y los bebés nacen sabiendo succionar sólo necesitan de tu calor para empezar a fluir contigo.

Gracias, Sarita, por tu valentía, por abrir tu corazón, por mostrarnos tu lado más vulnerable porque es justo desde ahí donde obtuviste tu mayor fortaleza.

Lima, agosto 2019

Mi hija Rafaella me hizo despertar y mi hija Vera me hizo recordar el motivo por el cual había despertado.-8