Ivanna y Kalani

Una historia real de relactación, de paciencia y de cómo puedes recuperar lo que es tuyo a través del porteo.

Conocí a Ivanna porque participa en un grupo de crianza que yo ayudo a administrar. Me pidió una colaboración para un evento y luego seguimos en contacto porque me hizo algunas consultas de lactancia. Se inscribió al proyecto y como la elección de historias fue «ciega», no supe hasta el final que era ella y me quedé reflexionando un rato acerca de como algo tan simple como el porteo, que si ya sabemos todos los beneficios que trae, puede resultar algo que ayude a sanar y conectar cuando habías perdido toda esperanza. Este es su testimonio. No fue fácil escribirlo, pero lo hizo, demostrando que tiene más valor del que ella cree tener.

Mi nombre es Ivanna, una mamá tal vez como tú, de 23 años que tuvo que sobrellevar la depresión post parto y uno de los síntomas más fuertes: el «odiar o rechazar a tu propio bebe». Así es, tal como lo lees, RECHAZAR y desde hace algún tiempo atrás gracias a mi sanación personal y a una persona que adoro y amo y que fue clave para este proceso de recuperación y conexión, me hizo entender que debo perdonarme y quererme para hacerlo con los demás, sobre todo no satanizar algo que ocurre a un gran porcentaje de madres, que a veces por poca información no se conoce y uno siente miedo o vergüenza de encajar en un grupo que jamás paso por esto y que no logra entender está situación.


Las mamás de porcelana no existen. No existe la mamá que duerme temprano y bebé que duerma toda la noche, no es la típica propaganda de TV, así que si eres susceptible a estos temas mejor te recomiendo que no leas mi historia, ya que no será la «historia de conexión» o el «puente de arcoiris con la teta» o la «bendita agua la leche». De verdad que esto es parte de una carta que hago como cerrando un ciclo muy largo que fue muy duro, fuerte y si lo cuento así es porque sé que muchas mamás pasan lo mismo pero no lo exteriorizan por temor o por miedo al qué dirán. Por eso hoy espero que con lo que leas logres sacar un pedacito de mi y sientas cada lágrima que boté al escribir cada parte, al dejar un momento ir una parte de mi vida, pero como dicen el tiempo cura, cura muy bien y te lleva a caminos que jamás pensaste pisar.

Vengo de una madre que pudo romper mitos y me dio lactancia materna hasta los 8 años pasando a su propia crianza. Creí que cuando tuviera una hij@ tendría ese mismo instinto maternal. Me preparé tres años para el examen a la carrera que más amaba , paso mucho tiempo para escoger lo que realmente quería hacer y me hiciera feliz, me enteré que estaba embarazada, mi vida era «perfecta»: dormía, comía y vivía para la danza no había otra cosa en mi que a la que pondría más atención y así fue como mi vida cambio.

Recuerdo que mi embarazo fue duro y el proceso igual porque tuve que sobrellevar sentimientos de soledad e inseguridad. En mi mente idealicé lo perfecto que sería traer a mi hija al mundo con un parto normal y natural. Nunca me puse a calcular los gastos, por así decirlo, de todo lo que implicaría y jamas me pasó por la mente el tema de la lactancia, pensé que eso fluiría sólo. Recuerdo que vi todos los documentales del «Renacimiento del parto» y decidí que sería parto natural y perfecto. Llegué a la clínica y recuerdo que todo era color de rosas hasta las semana 35 donde una ginecóloga me palpó y metió sus dedos «para saber si la bebé estaba bien colocada». Después de esto, mi instinto decidió salir de este lugar porque se  sobrepasaron (algo que no está bien y que ahora se considera violencia obstétrica y jamás se hace en ese tiempo) y buscar a los últimos momentos otro ginecólogo que también se vendió como lo más respetuoso. Me vendió la idea que así sería y que aún así mi bebé tuviera el cordón «enredado en el cuello» sería natural.

En mi consulta rutinaria de las 37 semanas me dijo que tenía «la placenta calsificada» y que mi bebé podía morir. Me dijo que era algo normal en madres jóvenes como yo y recuerdo que tuve que decidir por el bien de mi bebé en ese momento lo que haría. A esas alturas, sentí que el doctor me hablaba de verdad pero mi parto resultó en una cesárea innecesaria.

Antes del parto me sentí derrotada la peor madre de mundo. Así llegó mi bebé al mundo, con una derrota en mi cabeza, pero aún así con muchas ansias y ahí llegó mi talón de Aquiles: la lactancia.

Kalani, mi bebé, era una bebé dormilona y no sabía ni tenía idea que debía comer todo el tiempo. Será que la separaron de mi por una hora, y no tuvimos esos mil minutos sagrados. Mi primer día de lactancia en la clínica con una «disque» obstetra que me decía que agarrara el pezón como una puntita, hizo que mi pezón se abriera como una flor. Recuerdo sólo dando de lactar con lágrimas en los ojos ya que sabía que tenía que alimentarla.

Cada vez que leo casos como el de Ivanna, siento impotencia. La maternidad es uno de los periodos mas vulnerables en la vida de una mujer. Necesitamos apoyo correcto y a quienes recurrimos en primero instancia ni bien nos volvemos madres, son los profesionales de la salud, que necesitan de manera imperativa mirar a sus pacientes de manera humana y que necesitan actualizarse. Necesitan comprender que el parto y post parto son procesos fisiológicos que enmarcan no solo un cambio físico sino también emocional. Poco a poco, las madres nos estamos informando y estamos exigiendo un trato digno, solo que no es justo tener que pasar por atropellos para poder abrir los ojos.

Regre a casa y la historia cambió para mi. Escuchar que era hora de dar teta me daba cólera e ira y no quería ver cerca a Kalani. El sonido de su llanto me hacía estresarme, quería verla lejos, no soportababa verla.

Me diagnosticaron depresión post parto, algo nuevo y desconocido para mi y no sabía que uno de los síntomas era esto que sentía, es solo que en la clínica, la salud mental no es de interés público. No dudo que en la clínica se respetaron muchas cosas pero ahora viendo en retrospectiva, sufrí violencia obstétrica, desde el momento del maltrato o de palabras despectivas de los que te tienen que atender. Me hubiera gustado que la obstetra sea una asesora de lactancia o cuanto me hubiera ahorrado contratar una pero no estaba informada. Me faltó mucha información y me da mucha pena que haya clínicas que aún no tengan la información válida a la mano, eso de «dar de lactar cada dos horas» o el simple hecho de como «agarrar mi seno» para o «como debo colocar al bebé», ahora me hacen ver que el personal de salud aún no esta preparado.

De verdad que se invierte mucho en lo prenatal pero definitivamente uno no sabe como le tocará en el post parto. Sólo espero que de aquí a algunos años se le tome conciencia y valor a la salud mental perinatal porque deben haber cientos de madres sufriendo síntomas parecidos o diferentes pero que no conocen y por dentro se están lapidando como yo lo hice en algún momento. Debe darse carta y valor a la salud mental en todo aspecto. Todas necesitamos un refugio y ayuda después del post parto.

Nosotras no tenemos la culpa. Pasar por violencia obstétrica no es fácil. Reconocer que una vivió violencia obstétrica, tampoco lo es. Es ponerte en una situación dolorosa, es pensar que pudiste haber hecho las cosas distintas y es ahí cuando la culpa nos ronda. El ideal de madre perfecta versus lo que una va sintiendo y como nos vemos en nuestra maternidad, pesa y duele. Llegamos a un punto en que nos exigimos demasiado y no encontramos salida.

Me rendí en cuanto la lactancia. Odié dar teta, ver a otras madres hablar de teta y que tenían una conexión única con sus bebés me daba vergüenza ya que yo no me sentía así me sentía la oveja negra en toda la tribu de mamás. Cuando hablaban o veía que daban teta delante de mi, era una derrota. No me sentía buena madre y recuerdo que sólo odiaba verla acercarse a mi seno.

Di formula todo el primer mes. Definitivamente odiaba dar teta. El saber que iba a estar echada todo el día era un suplicio para mi. Mi mente sólo pensaba en danzar en moverme. Nunca había estado tanto tiempo estática y ahí fue como el porteo me ayudó a saber que podía seguir con mi vida, no era necesario renunciar, yo podía seguir adelante con mi bebé y así fue como empecé a ir a muchos talleres de los cuales me invitaban, donde veía a las madres abrazar a sus bebés, besarlos, darles teta de manera tan natural pero yo siempre con mi careta de «NO PASA NADA, YO TAMBIÉN SOY TEAM TETA» jaja.

Fue realmente duro intentar ser algo que no era, pero fueron 2 talleres los que me marcaron y donde aprendí que la teta y la leche no era únicamente alimento como solía pensar: la teta era refugio, era calidez, era amor. Una de las expositoras dijo «para nosotros los adultos es muy fácil gestionar nuestra emociones porque somos adultos nosotros  podemos movernos podemos ir a comer algo o dormir si queremos.. pero ellos?, ellos no tienen esa facilidad» y recuerdo que esa noche sólo me regrese a casa mirando su carita y como me miraba de verdad que me sentía muy mal, después de tanto pensarlo y leer en foros a otras mamás que pasaban por lo mismo me dio ánimos de volver a recuperar mi lactancia y esto fue definitivamente de la mano del porteo ya que yo siempre había escuchado en los documentales respecto a la conexión que se tiene en el parto que es la única y que sin esa ya no había más, que después de esa venía la conexión de la lactancia me hizo entender como que si no tenía alguna de esas dos era un caso perdido pero esto fue falso ya que yo conocí otra vía de conexión de la que poco se habla y de la que lamentablemente yo no pude expresar en mi parto ni en mi lactancia desde que nació mi Kalani.

Y es aqui donde vino la enseñanza para mi. Yo he «cargado» mucho a mis hijas y lo sigo haciendo. Usé muy poco el fular porque me sentía asfixiada y me daba flojera armarlo y desarmarlo (luego supe que habían muchas otras alternativas y que deben ajustarse a cada caso particular), así que prefería usar los brazos. Mis hijas no han sido «pesadas», así que todo bien. Con Vera, mi hija menor, usé una mochila desde que tuvo unos siete meses hasta pasado el año y considero que fue de mucha ayuda para que yo pueda continuar con mis labores diarias porque el fular ya no ayudaba. Sin embargo, a pesar de conocer los beneficios del porteo y de recomendarlo, no llegaba a entender bien el porqué tanta «fascinación» por portear. Desestimaba un poco tal vez su real importancia porque no había vivido una experiencia que me haga sentir que de verdad era una manera de vincularme con mis hijas. No era capaz de mirar mas alla de mi, de ponerme en otros escenarios o de solo observar. Tal vez en algún momento lo hice, pero no fue hasta que leí el testimonio de Ivanna, que comprendí el real significado, esa fascinación ahora tenia una explicación y me hizo abrir los ojos y ver mas allá de mi. Gracias por esta lección, que parece simple, pero no lo es. Para mi es muy valiosa.

El porteo logró que yo conectara con Kalani e hizo que expresara esa conexión de la cual no podría expresar de otra forma y que todo fluya. Hizo que pudiera seguir con mis cosas y poco a poco ella empezó a formar parte de mis días. No les miento, el relactar fue duro, incluso había momentos donde quería dejarlo, la confianza en mi misma se puso a prueba ya que siempre he sido muy aplicada en todo y siempre me sentía autosuficiente pero aquí sentí miedo.

Miedo de fallar a Kalani, fallarme a mi pero como es el cuerpo tan sabio que poco a poco ayudo a que otra vez produzca leche como antes, gracias a la oxitocina que segregaba mi cuerpo por la felicidad de seguir haciendo mi vida, sin separarme de ella y sobre todo sabiendo que este espacio era el único que tenía y que todo su mundo era únicamente  mis pechos.

Luché mucho todo ese mes y medio pero el tenerla siempre encima de mi y haciendo lo que más amaba » la danza» hacia que todo saliera favorable y pudiera tener mis dos razones de vida junto a mi gracias a la constancia y a darme un «empujoncito» de valentía me permitió darle lactancia exclusiva a mi bebé después de casi un mes y medio de lucha y constancia. Puedo decir que tenemos más de 19 meses de lactancia ininterrumpida obviamente con altas y bajas pero ahora realmente con muchas ganas de querer hacer las cosas bien.

Mi entorno fue parte clave de poder seguir con éxito la lactancia que tanto deseaba ya que en este ámbito jamas me faltó nada, mis padres estuvieron día a día conmigo. Tanto en el embarazo como en el post parto hubieron momentos donde necesitaba respirar o hacer una pausa y ellos siempre estuvieron ahí, los abuelos de Kalani y mi hermana. Definitivamente este círculo no lo cambio por nada, mis padres han sabido respetar mis decisiones como madre y saben que la crianza ha cambiado muchísimo. Mi mamá hace algún tiempo tomó un curso de abuelas con una escuela de crianza respetuosa porque quería estar al tanto y valoro muchísimo que este al tanto con la crianza de mi hija y ella siempre me ha echado porras en el tema de la lactancia. Siempre ha estado cerca a mi a darme palabras de ánimo.

Kalani ha crecido en un ambiente de amor y cariño. Lo más importante es que ha sabido entenderme y el proceso de sanación emocional y el porteo nos ha ayudado muchísimo para volver a conectarnos y conocernos más, ni que decir de mi padre y mi hermana, son otros seres de luz que siempre están ahí atrás de Kalani, dispuestos a escuchar y cambiar algo de su crianza.

Como familia estamos unidos y con muchas ganas de seguir sanando porque todos para uno y uno para todos. Seremos siempre un equipo, y bueno, ya llevo casi 5 meses desde mis terapias de sanación personal y de verdad que todo va mucho mejor. La felicidad es una condición que nunca estará supeditada a las circunstancias. Es cierto que hay bajones pero nunca superará el poder de dar gracias, de seguir vivos y ver a la familia con salud.

Está cuarentena nos ha dado una nueva oportunidad de agradecer que estamos juntos y con salud, respetamos muchos al prójimo evitando salir o hacer cosas que puedan perjudicar al resto. Esta cuarentena he decidido dedicarme a mi ya que estoy haciendo deporte y también con mi bebé al lado. Esta cuarentena también nos ha afectado emocionalmente a mi y a ella ya que ella siempre salía pero tratamos de canalizarlo con mucha compresión y validando siempre sus emociones, incluso hay momentos donde he pensado en el destete pero nunca funciona, ya que termino rendida a sus pedidos de teta y terminamos las dos dormida en la cama, obvio que seguimos teniendo altas y bajas pero ahora con mucha información y llevándolo siempre por el lado de que todo siempre es válido, ya que somos diferentes y que podemos sentirnos de alguna manera.

Quien debe dar el salto de fe para confiar en una, es una misma. Somos capaces de poder escribir nuestra historia las veces que sean necesarias. Pedir ayuda no nos hace malas madres. Necesitamos hablar y que nos escuchen y no nos juzguen y sobre todo, necesitamos de un entorno que nos valide, que nos ame y acoja así como somos. Es increíblemente hermoso como una niña chiquita es capaz de generar tanta movilización en una familia, al punto de hacer mover los cimientos que uno creía seguros, de cuestionar lo que recibimos de niños y seguir adelante.

Si has llegado hasta aquí y te has sentido  identificada te pido que siempre abras tu corazón y sobre todo no ocultes lo que realmente pasa por dentro porque para sanar se necesita expulsar y sólo pasará cuando seas sincera contigo misma. El tiempo todo lo cura, pide ayuda y siempre saldrás adelante.  A veces está bien renunciar para reconectar. Te abrazo desde aquí, Ivanna T.

Es realmente de valientes ponerse al frente mostrando nuestro lado más vulnerable, ese que más nos duele pero que a la vez es el que nos hace más fuertes. Tan fuertes, que podemos buscar generar impacto en otras mujeres, contando lo que nos pasó y lo que nos ayudó a sanar o transmitiendo de manera directa eso que nos inspiró, como es el porteo. Ivanna es asesora certificada de porteo y tiene su emprendimiento llamado La Bolsita de TTE, donde brinda asesoría acerca del uso de fulares y mochilas para portear de manera segura. De esa forma, ella transmite lo que sabe porque lo conoce de primera mano. Esa es su fortaleza.

Gracias Ivanna, por tu honestidad, se que no fue fácil juntar los pedacitos de tu historia. Gracias por tu madurez, fuerza, coraje y por la gran lección que nos dejas.

Lima, agosto 2020

Fotografías tomadas por videollamada vía FaceTime.