Una historia de lactancia más allá de la teta.
Mábrin fue una de las primeras en inscribirse en el proyecto y una de las historias que al leerla me impactó muy profundo, no solo por la valentía de decir su verdad, sino también porque su historia enmarca un tema del que poco de habla o poco se sabe: Las maternidades de las mujeres VIH+, sus embarazos, sus partos y sus lactancias.

«Tengo 34 años y soy mamá de tres amorosos niños, los mayores Andrew y Alexander tienen 13 y 11 años a los cuales decidí y elegí tener. Me dediqué a su crianza las 24/7, hice lactancia en tándem con ellos los primeros años de su infancia. Mi tercer embarazo fue planeado, muy esperado y deseado. En esta gestación es donde me dieron el diagnóstico de VIH+ así que no me dieron a elegir mi parto, sería cesárea electiva y no podría amamantar para evitar la transmisión vertical.
Cómo pensar, qué hacer, qué sentir, qué decidir hacer. En la primera reunión que tuve con Mábrin, ella me contaba lo difícil que le resultó muchas veces tener que enfrentar el hecho de no poder dar teta, sobre todo cuando le tocaba salir a la calle con su tercer hijo, Alejandro. El solo hecho de pensar en preparar una fórmula, salir con biberones y termos, aprender a calmar a un bebé sin la teta, algo que ella ya había hecho con sus hijos mayores. Vivir con una lactancia que no fue.
Era un nuevo aprendizaje para ella, un mundo totalmente nuevo al que tenía que ingresar para encontrar otras formas de conectarse, de alimentar a su bebé. Un nuevo lenguaje que aprender, pero siempre hay caminos. Siempre.
No me derrumbé, al contrario, me informé, me empoderé en el tema, empecé mi tratamiento y llegué a la indetectabilidad. Soñaba con un parto normal, pero en algunos países como el nuestro, no nos dan esa opción. Luego del parto estuve algo deprimida por no poder dar de lactar, me dieron hormonas para cortar la producción de leche; empecé a portear y en el descubrí el contacto y apego seguro con mi bebé, él ya tiene un año.

Muchas madres que acompaño, me cuentan cómo el porteo les ha ayudado no solo a poder «seguir con su vida» con un bebé «en brazos», sino también cómo les ha ayudado a sanar, una separación prolongada luego del nacimiento o un parto que no fue como esperaban. Para Mábrin, el porteo se convirtió en ese regalo que le permite tener a Alejandro siempre cerquita de ella, tanto así que lo lleva a en fular a todos lados. Mábrin pertenece a la comunidad de madres Las Ñañas, una tribu de madres porteadoras que bailan con sus hijos, demostrando que cuando se quiere, se puede.

Deseo de corazón se concientice y se toquen temas de mamás/mujeres que vivimos con VIH. Siento que nuestros derechos están vulnerados, tanto el de la forma de parir y el de amamantar. No nos dejan elegir sobre nuestros cuerpos, las investigaciones con nosotras al respecto no avanzan y es algo pendiente que tenemos como sociedad si hablamos de empatía y respeto.
Luego de esa primera conversación que tuve con ella, me quedé pensando en cómo comunicar esta historia, en lo importante que es visibilizar todas las situaciones en torno a la lactancia y maternidad, seguir dándonos voz entre mujeres. Yo como asesora de lactancia, sentí que solo consideraba la recomendación de la OMS y nunca me detuve a meditarla o cuestionarla. Nunca me había topado con un caso así, y hacerlo me ha hecho replantearme muchas cosas, desde mi postura como doula y asesora, como mujer y madre y como parte de una sociedad que necesita a gritos mirar más allá de sus narices y cuestionar todo lo que damos por sentado.

Las mujeres con VIH existimos, resistimos y también podemos conectar con nuestros bebés, no somos malas madres por no dar teta. Si eres mujer con VIH busca redes de apoyo para juntas seguir luchando y exigiendo se cumplan nuestros derechos.
Para mi, es maravilloso participar de este proyecto para visibilizar y activar en la semana internacional de la lactancia materna como mujer viviendo con VIH. Nosotras también alimentamos con amor».
Y eso es precisamente lo que junto a Mábrin quisimos transmitir, que la lactancia es una forma de generar un vínculo con tu bebé, pero no es la única. Las madres ya somos suficiente alimento para nuestros hijos, con nuestros abrazos, besos y nuestra presencia y también podemos dar el biberón con amor, conectando con nuestros bebés, mirándolos a los ojos y ver el infinito amor que ellos tienen por nosotros, porque de verdad lo que a ellos les importa finalmente es que estemos, y ya.

Mábrin también es activista en Aliadxs Positivxs, una organización sin fines de lucro que nace en el 2019 como respuesta a las necesidades particulares de las personas que viven y conviven con VIH/sida, y que busca construir una sociedad igualitaria, saludable y amigable.
Gracias, Mábrin, por darnos una enorme enseñanza de resiliencia y de valentía. Gracias porque con tu testimonio honesto, nos ayudas a reflexionar y cuestionarnos, a empatizar, a no juzgar, a mirar lo simple del amor y de lo diversas que son nuestras maternidades y que todas merecen respeto.
Lima, agosto 2020
Fotografías tomadas por videollamada
Para conocer más cerca del VIH/Sida, embarazo, parto y lactancia visita este enlace: https://www.who.int/elena/titles/bbc/hiv_infant_feeding/es/
La recomendación actual en países como el Perú (donde tenemos acceso a agua potable y mayor control de la salubridad), es de evitar la transmisión vertical (madre a hijo) a través de la leche materna, por lo que se sugiere desde un inicio la administración de fórmula a los bebés. En países donde no se den las condiciones de salubridad y el riesgo de contraer una infección diarreica, infecciones respiratorias o la desnutrición es mayor que la de contar VIH, se recomienda recurrir a la LM durante los 12 primeros meses de vida.
Sin embargo, la pregunta de Mábrin es ¿Por qué no se les permite elegir?.
«Se sabe por un estudio del año 1999 que los recién nacidos que nacían sin el virus de VIH y que recibían lactancia materna de madres seropositivas durante 23 meses, tenían un riesgo de un 10.3% de contraer el virus» *, pero ¿Qué pasa si como fue el caso de Mábrin, las madres llegan a la indetectabilidad?.
«Es necesario considerar que no todos los hijos de madres que viven con VIH que son alimentados con lactancia materna adquieren la infección por VIH. Esto depende de muchos factores como son la carga viral de la madre, grietas en el pezón, mastitis, incorporación de otros tipos de alimentación junto con la lactancia materna, inmadurez del sistema inmune del recién nacido, entre otros. Estos factores deben ser considerados al entregar consejería a estas madres. Este tema adquiere gran complejidad cuando la madre debe elegir el tipo de alimentación que le dará a su hijo, tomando en cuenta los riesgos que ello conlleva si elige la lactancia materna; pero que al mismo tiempo es una decisión influenciada por presiones y creencias sociales. Es aquí donde el profesional de salud es fundamental para entregar una consejería centrada en el cliente y no sólo en la evidencia científica, esto facilitaría una decisión más apropiada que vaya en protección del niño. Se recomienda también consejería realizada por pares, es decir, por otras madres que han pasado por la misma situación que ellas. Esto fortalecería un ambiente de confianza con la madre, quien se sentiría apoyada y comprendida» *.
Me quedo con la conclusión del estudio al que hago referencia:
«La mujer en edad fértil es una prioridad para la prevención de la transmisión del VIH/SIDA. Son ellas quienes deben tomar decisiones informadas y no deben encontrarse solas y aisladas de los profesionales de la salud que conozcan sobre este tema. La problemática de optar por una alimentación que reduzca el riesgo de un hijo de una madre que vive con VIH/SIDA es responsabilidad tanto de la madre como del profesional, quienes deben otorgar una consejería adecuada que incorpore el autocuidado y la toma informada de decisiones. Esto debe sumarse a una comprensión de que el riesgo de transmisión vertical a través de la lactancia materna se interrelaciona con el riesgo de otras enfermedades infecciosas en contextos adversos. Por otra parte el acceso a información, lactancia artificial y creencias en salud hace que la estimación de riesgo y opciones para su disminución sean específicas para cada caso y no una regla general para emplear con todas las mujeres viviendo con VIH/SIDA y sus hijos» *.
*Fuente: Valeria Cortés F., Jaime Pérez A., Lilian Ferrer L., Rosina Cianelli A., Báltica Cabieses V. LACTANCIA MATERNA Y VIH/SIDA. Rev Chil Nutr Vol. 33, Suplemento Nº2, Noviembre 2006, pags: 334-341
