Mariá es brasileña. Vino a Perú junto a su familia en febrero del 2018 y solo son ellos tres aquí (mamá, papá y bebé).
En el mensaje que me envió, solo escribía que quería colaborar en el proyecto y la foto de su bebé. No sabía nada más de ella.
Llegué a su casa y Theo estaba dormido. Aprovechamos el tiempo para conversar y conocernos más.
Mariá me contó que llegó a Perú acompañando a su novio, quien vino a estudiar. Mientras él estudia y trabaja, ella se queda en casa con Theo. No tiene necesidad de decirme que extraña su país porque es más que evidente.
Me habla de Pipa, la playa donde vivía en Brasil, cómo transcurrían sus días allá, lo que hacía. Me enseña fotos del lugar, una playa hermosa, tranquila, muy diferente a la gris y húmeda Lima.
Mariá mira las fotos con nostalgia. Debe ser duro iniciar tu maternidad sola, lejos de casa, pienso.

El inicio de la lactancia fue un poco difícil porque siempre fui muy tímida en relación a mi cuerpo, a mis senos, pero Théo tomó el pecho muy fácil incluso teniendo frenillo.
Llegó el momento en que Theo se despertó, de muy buen humor. Así que, la sesión empezó. Al inicio, como todos los bebés que he fotografiado, se distrajo un poco, pero poco a poco fue entrando en confianza. Theo es muy risueño y tierno.
A medida que avanza la sesión, me detengo a observar el vínculo entre los dos. A Theo le gusta jugar, yo espero paciente a que quiera volver a la teta. Pienso en Mariá, en cómo transcurren sus días, en cómo logra hacer de esta ciudad su nuevo hogar, en ella como madre y todas la madres (incluyéndome) que necesitan apoyo, ayuda, alguien que nos diga que no estamos solas y que lo estamos haciendo bien.

Theo ya tiene un año y continúa mamando con bastante frecuencia. A veces me siento un poco incómoda y quisiera destetarlo. Sé que es un lazo muy lindo entre madre e hijo, pero me siento un poco cansada e «inútil» por no poder conseguir trabajo y adaptarme a otro país. Un país donde la lengua no es la misma y las posibilidades tampoco.
Todas las madres del mundo necesitamos esa red, esa tribu donde sentirnos contenidas, donde podamos soltar sin temor a juicios todo lo que sentimos.
Nuestro Theo decidió que ya no quería más teta, dando por concluida la sesión. Me quedé muy contenta de conocerlos. Theo se despide de mi en la puerta, muy efusivamente. Me da un poco de pena irme.

Camino a casa reflexiono acerca de este proyecto y cómo va tomando más forma. Cada madre que visito me deja una enseñanza, y las más obvias son las más bonitas, esas enseñanzas que sabes pero que necesitas volver a escuchar o verlas de cerca para realmente valorarlas. Que detrás de cada madre y de todo el amor que sienten por sus hijos, hay todo un mundo, un camino recorrido, una historia. Que no sabes por lo que esa madre está pasando, no sabes lo que siente ni lo que a veces calla y que no puedes juzgar sino preguntar: ¿Cómo te sientes?. Y escuchar.
Gracias, Mariá.

