Mavi también fue una de las mamás que me escribió a los minutos de haber puesto la convocatoria y también fue una de las primeras mamás que fotografié.
Llegué a su depa y Mavi me recibió con una sonrisa y sus ojos grandes, tan expresivos. Conversamos un poco de cómo iba a ser la sesión, de qué es lo que tenía en mente. Mavi es actriz, comunicadora y diseñadora freelance, así que me dijo que no le iba a costar poder mostrar un poco más de piel. A quien le iba a costar era a mi, nunca había dirigido a una actriz.
Río, quien acababa de cumplir su primer añito, caminaba por el depa agarrando su pollo de juguete, riéndose de todo y mirándome con su ojos grandes iguales a los de mamá.
Empezamos la sesión y las cosas poco a poco fueron fluyendo. Le pedí que cierre los ojos e imagine ese momento tan esperado, cuando nació Río.

Das a luz. Duele. Pero luego no recuerdas nada de eso. Decides dar el bendito calostro. Duele. Y luego no recuerdas nada de eso.
Parir. Amamantar. Todas somos capaces de hacerlo y volver a hacerlo.
La lactancia, en algunos casos, puede ser dolorosa en un inicio. Sin embargo, yo la veía tan confiada que no me imaginé que pudo haber tenido un inicio difícil y desafiante.
Una vez que el pezón cura sus primeras heridas y sus primeros dolores, nadie te dice cuánto atesorarás estos momentos de oro, de plenitud que solo conocen madre e hijo.
Maravillosa lactancia, sanadora lactancia.
Seguimos avanzando en la sesión y solo me dediqué a observar. El vínculo, la complicidad, las miradas, el amor. Registré toda esa ternura y entrega que veía ante mis ojos y agradecí a la vida por permitirme ser testigo.

Seguimos conversando acerca de maternidad, de nuestros bebés (tengo una bebé de casi la misma edad de Río), compartimos algunos consejos y mientras lo hacíamos, yo no dejaba de pensar en la palabra «apoyo». Y es que es así, la madres necesitan toda un red de apoyo para poder llevar el puerperio de la mejor manera. Apoyo, compromiso, empatía, cariño. Abrigar a esta mujer que se acaba de convertir en madre. Acompañarla en este proceso para que no se sienta sola.
Se necesitan personas que poco a poco se convierten en ángeles guardianes, en salvadores.
Quiénes salvaron mi lactancia:
La amiga que me regaló lanolina.
La otra amiga que me regaló brassieres de lactancia.
Mi mamá que me ayudaba de mil maneras cuando mis senos estaban por reventar la primera semana.
Mi esposo que nos cuidaba en las lactadas de madrugada.
La pezonera de silicona que cubrió mis pezones mientras sanaban, y otra vez y otra vez, hasta que dejaron de herirse.
La constancia de otras amigas amamantadoras.
Mi propia constancia. Mis propias lecturas e investigaciones.
Los que se comprometieron con las labores domésticas para que yo solo piense en estar bien, alimentarme y amamantar: mi esposo y mi mamá. Toda nuestra familia que siempre apoyó la lactancia.Las piedras del camino:
(piedrecitas que duelen pero que puedes patear sin hacerte hígado).
El primer pediatra que pesaba repetidamente a mi bebé para ver si necesitaba fórmula.
El pediatra que después de un año dijo que mi leche ya no lo estaba nutriendo.

La sesión ya estaba concluyendo, Río ya no quería tomar tanta teta. Los bebés son quienes que marcan el ritmo. Fue una sesión cálida, con una luz linda que nos acompañó.
Terminé muy feliz.
Que nadie rompa el vínculo. El refugio. Se transformará pronto en un nido, en un abrazo. Y nadie te dirá cuánto amor te desborda el corazón.

Al irme, Mavi me dijo: «Va a quedar linda la web». No tenía idea de hacer una página web, en realidad, solo un FanPage de Facebook. Así que, tomé esa afirmación como una sugerencia (un mandato) y separé el dominio web al llegar a mi casa. Parece que ella lo tenía más claro que yo.
Gracias, Mavi
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