Una historia de una lactancia ininterrumpida, de perseverancia y confianza en una misma.
Conocí a Swamny en uno de mis grupos de asesoras de lactancia. Compartí la convocatoria con ellas y Swam se inscribió. En realidad no tuve que pensarlo mucho cuando leí el resumen que me envió. Ella lleva cuatro años de lactancia con su hija «J», luego de sobrepasar muchos obstáculos que ahora nos va a narrar.
Joslemny llegó como un fuerte torbellino a mi vida, imponente y arrasando con todo a su paso. Tuve un embarazo normal pero de un momento a otro, y sin motivos aparentes, pasó a ser mi embarazo de alto riesgo con amenaza de aborto. Estuve en reposo absoluto hasta las 32 semanas cuando mi hija decidió que ya era hora y nada ni nadie pudo mantenerla dentro de mi.

“J” nació por parto natural, fue “el parto soñado” pero no el más placentero porque sufrí mucha violencia obstétrica, tanto física como verbalmente por parte del personal de salud que me atendió. “J” nació de 3.10 libras (1.4 kg.) y las “políticas” del centro médico no me permitieron siquiera tocarla mucho al nacer. Tuve la “oportunidad” de ver, sentir y tocar a mi bebé por primera vez, casi 12 horas después de haber nacido y porque lo exigí, no porque estuvieran en la disposición de llevarme a conocerla.
Durante todo ese tiempo solo pensaba en cómo estaba, si había comido y por primera vez, pensé conscientemente en la lactancia porque honestamente, durante todo el embarazo nunca pensé en ello de forma consciente. Para mí era algo natural. Entendía que mi cuerpo y mi hija sabían lo que tenían que hacer y que se iba a dar así, sin más, pero en mi caso no fue así, repito, en mi caso, porque la verdad es que nuestros cuerpos y nuestros bebés saben exactamente lo que tienen que hacer, solo hay que dejarlos ser.

Nuestro primer encuentro fue mágico. Ver a J tan pequeñita y sentirla pegada de mi pecho, aún sin estar segura de si estaba comiendo o no, fue una sensación indescriptible. Me sentía una mujer poderosa, como una diosa con poderes sobrenaturales, plena y no quería que ese momento se acabara; sin embargo, eso de sentirme una mujer poderosa y capaz, no me duró mucho.
Por la condición de bajo peso de Joslemny y por haber nacido prematura, la Pediatra me indicó ofrecer fórmula cada 2 horas y sobre todo durante las noches, más unas gotas de aceite de coco durante el día para “ayudarla a aumentar de peso”.
Cuando me dijo eso, sentí que algo dentro de mí no estaba completamente de acuerdo, me sentía confundida. Empecé a dudar y desconfiar de mi. Me sentía sin poder, insuficiente, incapaz, invalidada y hasta impotente porque cuando quise defender mi posición de solo lactar, fue como que estaba haciendo un chiste. La respuesta fue “tu leche no es suficiente”, esas palabras calaron hondo en mi pecho y abrieron una herida muy grande y así me tuve que ir a casa.
Esos primeros días fueron frustrantes, caóticos y dolorosos física y emocionalmente. Daba teta de día y fórmula de noche, estrictamente cada 2 horas, lo que me tenía sumamente agotada sin contar las fiebres y dolores en los pezones por una ingurgitación mamaria (hinchazón en las tetas) y las profundas grietas que se habían formado por el mal agarre de J.

Pero un buen día, me pregunté, «¿Por qué si te pasas el día entero dando teta, no puedes hacer lo mismo por las noches?». Reflexionar en esto me hizo sentir un poco de ese poder y la respuesta fue clara, iba a eliminar la fórmula. Sin dudar, boté toda la fórmula y los biberones que tenía en casa y busqué apoyo en un grupo de La Liga de la Leche, una comunidad internacional que brinda apoyo a madres lactantes, porque sabía que sola no iba a poder.
Necesitaba alguien que supiera más que yo, que me brindara apoyo e información y me hiciera sentir confiada. Allí me encontré a Mariel, mi ángel guardiana de la teta, quien me instruyó y me acompañó en este proceso de eliminar la fórmula de nuestras vidas, el cual no fue nada fácil. Hubo momentos que lloraba junto a “J” y otros en los que dudé de si podía hacerlo. Sobre todo por los comentarios de que ella lloraba mucho porque mi leche no la llenaba, que le diera un biberón para que durmiera, etc. pero la verdad es que, lo que me mantuvo firme en mi deseo de amamantar exclusivamente a mi hija era conocer todos los beneficios que lactarla significaba para ella como bebé prematura y hasta para mí. Ver cómo iba aumentando de peso y sobrepasando todos los pronósticos en sus citas médicas me llenaba de fuerzas y me ayudó a entender que yo tenía todo lo que mi hija necesitaba para crecer sana.

A eso de los 4 meses mi lactancia vivió otra crisis; tenía que volver al trabajo y no tenía extractor ni idea de cómo iba a armar un banco de leche. Fue muy retador para mí, pero me había propuesto que nada acabaría con mi lactancia así que hice hasta lo imposible por seguir adelante. Pasé de usar un extractor manual prestado, a utilizar el manual y un eléctrico de una compañera de trabajo hasta que pude comprar mi propio extractor al mes de haber entrado a trabajar. Durante el día amamantaba de un pecho mientras me extraía del otro, porque no tenía una gran producción de leche y sí o sí, tenía que conseguir las tomas del día siguiente. Poco a poco mi producción se fue regulando y aumentando y logré mis tan anhelados 6 meses de lactancia exclusiva.

Ya en esta etapa, y con todo lo que había pasado, no solo estaba llevando mi lactancia, sino, que también estaba apoyando a otras madres de un grupo al que había entrado buscando apoyo y terminé siendo yo la que apoyaba. Estando en ProlactarRD fue que nació en mí el deseo de convertirme en Asesora de Lactancia Materna, sueño que pude ver cumplirse en diciembre de 2019.Ya llevamos 4 años de lactancia y como todo, no ha sido fácil seguir contra corriente llevando una lactancia en una niña “grande”, porque la sociedad no lo entienda o vea correcto. Pero me vale lo que la sociedad no entienda, porque estoy segura y confiada de que a este proceso solo le ponemos fin mi hija y yo.

Gracias a toda la experiencia y el conocimiento que me ha brindado esta montaña rusa que ha sido mi lactancia, creo que cada mamá tiene la capacidad y el derecho de crear su lactancia feliz. Digo crear porque al principio puede no ser perfecta pero tú puedes hacerla perfecta para ti. Por eso, a través de Tetaholic, acompaño, desde el amor y el respeto a su intuición maternal, a otras madres a crear su lactancia feliz, sin dolor ni frustraciones. Todas podemos lactar y nos merecemos experimentar lo maravilloso de esta experiencia.
La maternidad y la lactancia llegaron para cambiarme física, mental, espiritual, emocional y hasta profesionalmente. Llegaron para hacerme más fuerte y romper paradigmas y estoy sumamente orgullosa de ello. Gracias Joslemny por convertirme en la increíble mujer que soy hoy. Te amo.

Qué bonito es ver cómo la maternidad y lo vivido a través de ella, puede ser el puente para lograr encontrar nuestra misión en la tierra. Que las experiencias que tuvimos, nos sirvan de motor para trabajar por un fin. Es hermoso cuando esto sucede y nos damos cuenta. Es necesario que las mujeres nos apoyemos entre nosotros, cada una con su propio brillo. Así somos únicas y especiales.
Gracias Swamny por este testimonio tan potente, de cómo solo cambiando la forma como vemos las cosas, podemos hacer algo grande por nosotras misma y nuestros hijos. Eres inspiración.
Santo Domingo, agosto 2020
Fotografías tomadas por videollamada vía FaceTime.
