Virginia es una mujer muy fuerte y te transmite esa fuerza desde la primera vez que la ves. La conocí por el grupo «mamá tierra» y luego la fui encontrando en otros grupos hasta que coincidimos físicamente porque ambas fuimos madres de leche de una pareja de mellizos prematuros que se encontraban en una situación complicada. Ella es madrina de uno de ellos. Actualmente tiene un proyecto hermoso junto a otras dos mujeres, llamado La Semilla, un espacio de co-working/guardería, donde las madres con hijos pequeños pueden continuar desarrollándose laboralmente mientras sus bebés son cuidados con mucho amor. Un espacio para criar en comunidad.
Virginia también es madre de mellizos, Filippo, que lo tiene aquí junto a ella y Nerea que vive en su corazón. El menor de sus hijos es Pietro.

Mi primer embarazo fue de mellizos, un niño y una niña.
Como mamá primeriza quería estar perfectamente preparada con todo y había leído también un montón de lactancia en tandem y de los beneficios de la leche materna.
Sin embargo, a 34 semanas de embarazo todo se complicó horriblemente: el corazón de mi hija paró de latir, mi presión se disparó, terminé en una cesárea de emergencia que salvó la vida a mi hijo y me tuvieron que poner anestesia total.
Cuando por fin pude tener a Filippo entre los brazos habían pasado más de 12 horas.
Yo me sentía destrozada y al niño, nacido de 2 kilos y 400 gramos, ya le habían dado varias tomas de biberón. Intenté darle teta lo más que pude pero no se agarraba. Pagué una asesora de lactancia que no me ayudó en nada. Yo lloraba por tener que darle fórmula y terminaba regañada por el neonatologo.
Me pasaba horas pegada al extractor para sacar dos gotas de leche.
Cinco días después que nació mi hijo llegó a Roma una de mis mejores amigas, mamá de dos y embarazada del tercero.
Yo estaba hecha un paño de lágrimas y super estresada por la lactancia.
Me miró y me dijo: «Mujer, este niño va a crecer sano también con leche de fórmula y si no tienes que dar de lactar puedes salir a tomar… Y me parece que te hace falta».
Ya. eché la toalla. Decidí que no necesitaba otra cosa que me causaba tristeza y estrés. Compré leche orgánica de vacas felices suizas y me puse el corazón en paz.
Y de hecho fue una maravilla: el niño desde los 6 meses dormía toda la noche, su papá podía alimentarlo y yo podía irme a pasear para despejarme y a mis citas con la psicóloga.
Creo que mi cuerpo, sabio, supo que después de la pérdida de mi hija la lactancia me habría causado más problemas que beneficios: yo ya estaba en depresión y necesitaba todo el descanso posible para poder recuperarme.
Me recuperé.
Pero me quedó la sensación de haber fallado.
A todas las visitas en las cuales me decían que Pipe (Filippo) era bajo el percentil, pensaba que quizás con la lactancia hubiera crecido mejor, y todas las miradas de las mamás que sí habían logrado lactancia materna cuando sacaba el biberón me hacían sentir demasiado culpable.
¡Cuánto apoyo necesitamos las madres!.
Solas no podemos.
El día que entendamos, que como sociedad, el hecho de cuidar del bienestar materno depende el futuro de la humanidad, tal vez cambiemos un poco. Para poder hacernos cargo de otra persona, primero debemos hacernos cargo de nosotras mismas y parte de ese cuidado, es velar por nuestro estado emocional y eso está por encima de todo, pero solas no podemos. Necesitamos una red apoyo, que nos contenga, que nos aliente y que sobre todo no nos juzgue.
Al resto, nos queda apoyar a las madres y alentarlas en sus decisiones. Para criar, como dice Virginia, necesitamos el corazón en paz.

Con mi segundo hijo tuve una linda cesárea programada. Mi esposo pudo entrar desde que me pusieron la epidural.
Recibí a mi hijo en los brazos en cuanto salió de mi barriga y me pasé solo media hora en recuperación. A los 40 minutos estaba de vuelta a mi cuarto con un niño pegado a la teta.
¡Milagro!. Pietro nació pesando 3 kilos y 300 gramos y hambriento. Empezó a lactar como un profesional desde su primera hora de nacido y nunca paró… Continúa ahora, después de 2 años y medio.

Tuve muchos altibajos en la lactancia. En el primer mes tuve dos veces mastitis y me sacaba tanta leche que terminé donando a la Maternidad de Lima. Igual enseñé a mi hijo desde recién nacido a tomar del biberón y dejarme unas horas libre y así mi esposo también pudiera hacerse cargo de su alimentación.
Hace dos meses logramos el destete nocturno porque era esto o quitarle la teta del todo… Y no quería. Todavía no me siento pronta para cerrar este capítulo.
Elegí (y así se lo pedí a Virginia), que la sesión de fotos fuera en La Semilla, en ese espacio que guarda la energía de todas las madres y niños que la visitan. En esa semilla de vida que nace, crece y se vincula con los lazos del amor. Y es ese vínculo hermoso que surge y que no solo se logra con la lactancia, lo pude ver el día de la sesión de fotos.
Se habla mucho respecto al vínculo especial que existe por medio de la lactancia y de hecho existe, pero hay otro vínculo igual de bonito y tal vez más grande, irrompible y sagrado, que es aquel que forma una madre con sus hijos, independientemente de la forma cómo los alimenta. La madre de por si ya es alimento para los hijos. Nuestra sola presencia sirve para calmar, curar, animar, alegrar y hacerlos sentir seguros.
Y ahí estaba Virginia, alimentando a sus dos hijos.

No es verdad que la relación entre madres y niños alimentados con fórmula o con leche materna es diferente. Yo amo de igual forma a mis dos hijos. Y también el ritual de ir a dormir con el biberón era un ritual porque había logrado hacerlo tal.
Y mi hijo mayor siempre acompañó los momentos de lactancia de su hermano, echado al costado mío antes tomando su biberón y después sin nada por el puro gusto de estar pegado a nosotros.
Y así estuvo Pipe en toda la sesión, pegado a ellos. Fue muy conmovedor leer el material que Virginia me envió y luego editar las fotos y ver que cada una reflejaba lo que ella me contó.
No se necesitan palabras, solo observar la sutileza del amor.

Creo que la lactancia más que todo sirve a las madres: para empoderarlas, para sentir que tu cuerpo es poderoso y que puedes dar a tu hijo exactamente lo que necesita, para sanar la relación contigo misma y volver a conectar contigo misma, que es bien difícil después de un embarazo y un parto.
Esto fue para mi. Por esto estoy tan feliz haberlo logrado.
Gracias, Virginia, por tu valentía, fortaleza y resiliencia, que nos hace creer que sí es posible.

Lima, agosto de 2019
